Luis Alfonso Guadarrama Rico
Situación en el Estado de México en 2015
A inicios de 2015 comenzó a operar en México la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA). Para entonces, el Estado de México ya sabía que durante 2014 había registrado 58,426 madres adolescentes, la cifra más alta del país. Al cierre de 2015 notificó todavía 54,424 casos más, de los cuales 1,167 correspondieron a niñas de entre 10 y 14 años.
Detrás de esas cifras había una realidad preocupante. Siete de cada diez adolescentes madres apenas habían alcanzado estudios de secundaria o menos; 77% se dedicaba a las labores del hogar y la crianza; el mismo porcentaje enfrentaba su primer parto antes de los veinte años, y 6% ni siquiera recibió atención médica durante su primera gestación.
El panorama también resultaba inquietante al observar a los cogestantes. Sus edades oscilaron entre los 12 y los 72 años, un dato que obliga a preguntarnos cuántos de esos embarazos estuvieron asociados con abuso sexual, violación, estupro o incesto. Es indispensable des-romantizar una parte del embarazo adolescente.
La mayoría de estos varones tenía baja escolaridad y poco más de siete de cada diez contaba con empleo, aunque generalmente con ingresos insuficientes. Estas condiciones contribuían a reproducir el círculo intergeneracional de la pobreza. Sin embargo, el dato más preocupante es que alrededor de uno de cada siete cogestantes permaneció oculto. Ese vacío difícilmente puede atribuirse al azar: habla de negligencia institucional, omisiones administrativas y, en algunos casos, de complicidades que impiden conocer la verdadera dimensión del problema.
Frente a este escenario, el Estado de México, al igual que las demás entidades del país, se incorporó a la ENAPEA mediante la creación de su Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (GEPEA).
Con frecuencia se afirma que las cifras mexiquenses son elevadas porque se trata de la entidad más poblada del país. El argumento es parcialmente cierto, pero insuficiente. Para comparar el desempeño entre estados es posible utilizar indicadores como la Tasa Específica de Fecundidad en Adolescentes de 15 a 19 años (TEFA:15-19), ya que expresa el número de nacimientos por cada mil adolescentes en ese grupo de edad.
Por ello, la primera meta que el Estado de México decidió poner a la vista fue tratar de reducir a la mitad su TEFA:15-19, es decir, pasar de 70.3 casos por cada mil muchachas adolescentes en 2015, a 35.1 en el año 2030. Cuando se puso en marcha la ENAPEA, ese indicador colocó a la entidad en la posición número 18 dentro del contexto nacional. Y, en el consabido primer lugar, de cara al reto de erradicar los casos de niñas-madres de 10 a 14.
En otras palabras, es necesario dejar de lado la TEFA:10-14 porque el compromiso en la Agenda 2030, como parte de los ODS, se ha cifrado en la urgente tarea de erradicar los casos de estas niñas-madres.
Diez años más tarde, ¿qué tenemos?
Volumen de la demanda en atención
En la Figura 1, puede constatarse que los casos de adolescentes madres de 10 a 19, pasaron de 54,424 en 2015, a 27,336 en 2024. La entidad logró bajar 50% la incidencia en términos absolutos. Hay que reconocer que, a consecuencia de la pandemia por Covid-19, la caída pronunciada que venía desde 2018, se contrajo entre 2022 y 2024.
Figura 1. Distribución de casos de adolescentes madres de 10 a 19 en el Estado de México. Periodo: 2015-2024

Es cierto que el obligado encierro sanitario tuvo un papel relevante porque los encuentros sexuales entre adolescentes sexualmente activos(as) fue menor. Pero algo más sucedió desde la política pública en salud sexual y reproductiva, así como con respecto a las pautas socio-reproductivas en este grupo etario.
En términos generales, debe aclararse que en el mismo periodo (2015-2024), el país también redujo un 47% esa cifra. Pero no es menos cierto que hubo entidades que dieron cuenta de un descenso porcentual mayor. Por ejemplo, la Ciudad de México, Baja California y Morelos lograron disminuir porcentualmente sus casos en: 59.8, 54.7 y 54.5, respectivamente.
Aceptemos que el desafío de la entidad es incomparable por sus dimensiones poblacionales. Al revisar las cifras para establecer comparaciones válidas, confiables y fuera de toda visión partidista o panfletaria, es posible vislumbrar qué sucedió con la Tasa Específica de Fecundidad en Adolescentes de 15 a 19 (TEFA 15-19), a fin de arrojar luz y poner las cosas en su sitio.
En primer término, las madres adolescentes entre 15 y 19 años representan 97 o 98 por ciento de todos los casos de fecundidad a temprana edad. Esa es la relevancia que tiene este grupo, no solamente para la entidad mexiquense sino para el país en su conjunto y para otras naciones.
Intensidad del riesgo y demanda de atención
La TEFA:15-19 mide la intensidad del riesgo de embarazo durante la adolescencia. Cuanto mayor es su valor, mayor es la probabilidad de que una joven se convierta en madre antes de cumplir veinte años. Este indicador permite comparar objetivamente el desempeño de las entidades federativas, independientemente del tamaño de su población. Por ejemplo, si una niña nace en Ixtapan del Oro, la probabilidad de que llegue a ser madre entre los 15 y 19, es once veces más alta que si le tocó nacer en el municipio de Coacalco de Berriozabal
Si con detenimiento se observa la Figura 2, puede apreciarse un descenso más pronunciado a partir del año 2018, hasta que, como resultado del efecto postpandemia, el ritmo de descenso comenzó a desacelerarse. Durante el último bienio (2023-2024) la TEFA:15 a 19 ha comenzado a detenerse, casi como sucedió en 2017 con respecto al año previo (2016). Ver siguiente gráfica.
Quizá las respuestas a ese ritmo en el descenso podrían salir de las calificadas voces de la Secretaría de Salud, el Sistema DIF, la Secretaría de las Mujeres y la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación del Estado de México.
Conviene recordar que, cuando comenzó la ENAPEA en 2015, el Estado de México ocupaba el lugar 18 nacional en TEFA:15-19. Diez años después apenas descendió un escalón y hoy ocupa el poco envidiable lugar 19, un resultado difícilmente compatible con la magnitud del esfuerzo desplegado durante la última década. Entidades como Baja California, Ciudad de México, Hidalgo, Coahuila o Yucatán fueron las cinco entidades que mejores progresos notificaron al reducir significativamente sus respectivas TEFA:15-19 entre 2015 y 2024.
Figura 2. Tendencia de casos de adolescentes-madres por cada mil mujeres entre 15 a 19 años [TEFA:15-19] que radican en el Estado de México.
Periodo: 2015-2024

Fuente: Elaboración propia desde la Plataforma dinámica e interactiva del Proyecto Libélula, con base en Secretaría de Salud (2015-2024). SINAC Nacimientos.
En otros términos, en tanto la entidad mexiquense consiguió disminuir su TEFA:15-19 en 51% durante la década, las entidades referidas lo hicieron a razón de: 57.3, 55.6, 55.5, 52.9 y 52.1 por ciento, respectivamente. Este indicador es perfectamente comparable, independientemente del tamaño de población que cada entidad federativa tiene.
Consecuentemente, la Mtra. Delfina Gómez Álvarez, gobernadora de la entidad, el Secretario General de Gobierno, Horacio Duarte --porque de él depende directamente el Grupo Estatal de Prevención para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (GEPEA)--, así como la Secretaría de las Mujeres, el COESPO, la Secretaría de Salud, la Cámara de Diputados local y el Poder Judicial, están llamados a responder de manera efectiva y eficiente ante esta problemática de salud sexual y reproductiva.
Las políticas públicas también envejecen. Cuando durante una década producen resultados limitados, quizá el problema ya no sea la complejidad del fenómeno, sino la persistencia de un método que dejó de aprender de la realidad. Si tras una década los resultados relativos apenas cambiaron, la pregunta ya no debería ser cuánto se esforzó el Estado de México, sino si trabajó con el método apropiado.
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Columnista: Luis Alfonso Guadarrama R |
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