Luis Alfonso Guadarrama Rico
El pasado 8 de septiembre se hicieron públicos los resultados de la Prueba PISA, 2025. Conocido originalmente como Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por su denominación en inglés). Esta prueba se aplica a una muestra representativa de jóvenes estudiantes de cada país, que tienen entre 15 años y tres meses, hasta 16 con dos meses; pero al menos deben estar cursando el 1º de secundaria.
Se trata de una evaluación que se aplica desde el año 2000. Este tipo exámenes se efectúan cada tres años. México ha participado en todas estas pruebas. Usualmente los campos que evalúa son tres: lectura, matemáticas y ciencias. Los resultados que cada país obtiene permiten establecer comparaciones válidas.
En cuanto se supo cómo nos había ido, se produjo una cascada de notas periodísticas, entrevistas y programas de análisis en medios de comunicación para comentar los bajos resultados. Sobrevinieron dimes y diretes, pero ninguna expresión resolverá el problema de fondo: la calidad de la educación en México.
Resultados mundiales

Puede apreciarse en la Tabla 2 qué países quedaron en los primeros sitios dentro del ranking mundial, organizados a partir del puntaje obtenido en ciencias. Para esta colaboración, se han incluido 12 naciones, en lugar de diez, debido a que Canadá y Nueva Zelanda (marcadas con asterisco en la última columna), no cumplieron con alguno de los estándares muestrales solicitados por PISA.

Sin menoscabo de lo anterior, dentro del tablero mundial de PISA, 2025 un reducido grupo de sistemas educativos asentado en el Este asiático, integrado por Singapur, Taiwán, Japón, Corea del Sur y algunas regiones de China, ocuparon los primeros lugares. Como país, algo tendríamos que aprender de esos sistemas educativos.
Desde luego, no pretendo regurgitar lo mucho que mediáticamente han intercambiado periodistas, columnistas, especialistas en educación y las autoridades del Gobierno federal, junto con representantes de algunos grupos parlamentarios; es un diálogo de sordos.
Lo que está fuera de discusión es que, entre los 91 países, obtuvimos el lugar 64. Puesto de otro modo, en el tablero mundial México aparece en el último tercio. Desde el 2000, con esta evaluación, no vamos bien. Más recientemente, junto con Colombia, hemos ocupado los últimos dos lugares dentro de esta organización.
Brevemente, sin excluir la posición obtenida a nivel mundial ni dentro del conjunto de países de la OCDE, vale la pena hacer una comparación más realista. Si se toma como base el conjunto de países o territorios de habla hispana, más Brasil, tenemos un total de 20 naciones. Como puede advertirse en la Tabla 3, los siete países que no participaron fueron: Honduras, Nicaragua, Panamá, Cuba, Puerto Rico, Venezuela y Bolivia.

Entre los 13 países que tomaron parte en la prueba, en cada uno de los campos evaluados, --sin excepción-- quedaron por debajo del promedio de la OCDE. La brecha que debemos cerrar todavía es considerable. Una vez más, México fue superado por Uruguay, Chile y Costa Rica. El sistema de educación básica, sobre la base de la denominada “Nueva Escuela Mexicana”, tiene como imperativo ético revisar qué han hecho los países de la región que consiguieron mejores resultados. Si no lo hace, sería ceguera, necedad o profunda insolencia.
A manera de provocación
La tarea que tenemos es mayúscula, tanto en el país como en el resto de las naciones. Desprendida de los resultados de esta prueba global, conjugada con otras investigaciones, la hipótesis más sólida y preocupante es que el uso intensivo de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), más la incursión a rajatabla de la Inteligencia Artificial (IA) en las aulas y en los hogares están dejando un saldo que advierte una clara disminución en pensamiento matemático, lectura y en ciencias, desde la educación básica.
El común denominador es la distracción y la consecuente dificultad para leer textos que pasan las 15 o 20 páginas; a la mayoría de los estudiantes ese tipo de tareas les parece un tormento innecesario e inexplicable. Parece que tendremos que detener el brioso corcel del entusiasmo por lo digital e interactivo.
Como se podrá cotejar en las referencias, algunos países como Suecia y Dinamarca han destinado fondos adicionales para retornar al libro de texto físico; la idea es que el estudiantado aprenda la compleja actividad de la lectura de comprensión. Adicionalmente, entre 2018 y 2025, Países Bajos, Francia, Italia, Finlandia, Noruega y Brasil, han optado por restringir el uso del celular en el aula. Ya veremos qué pasa en México, si el Estado quiere.

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Columnista: Luis Alfonso Guadarrama R |
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