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LA TRANSFORMACIÓN NO PUEDE SER UN ESCUDO

Cuando alguien le preguntó a la máxima autoridad de este país por qué no se han tomado medidas ante presuntos daños al erario atribuidos a su antecesor —un expresidente de su mismo partido—, la respuesta esperada debería referirse a hechos, investigaciones y responsabilidades. Si, después de un largo silencio, responde que ambos forman parte de un movimiento de transformación, la duda no desaparece: se hace más grande.

La pertenencia política no responde la pregunta. No aclara si hubo un daño, qué autoridad lo investiga ni qué acciones se han emprendido. Más bien, desplaza la conversación: de la rendición de cuentas a la defensa de una identidad común.

Un movimiento puede compartir ideales, trayectoria y objetivos. Pero no por eso queda exento de las reglas que exige a los demás. Si la transformación significa algo, debe expresarse en instituciones capaces de investigar con independencia y, cuando las pruebas lo acrediten, sancionar conforme a la ley, sin importar el partido, el cargo o la cercanía con quien gobierna.

La ciudadanía no pide condenas anticipadas ni veredictos dictados desde una conferencia. Pide respuestas verificables: qué se investigó, qué autoridad intervino, qué recursos se protegieron y por qué, en su caso, no se actuó. La presunción de inocencia y la rendición de cuentas no se contradicen; ambas requieren procesos transparentes.

El silencio prolongado y una respuesta que apela al movimiento no despejan las dudas. Las amplían. Cuando se pregunta por el dinero público, la lealtad partidista no puede sustituir una explicación institucional.

Ningún proyecto político, ni mucho menos ideológico, debería pedir confianza a cambio de impunidad. La transformación se demuestra cuando las reglas también alcanzan a los propios. De lo contrario, la promesa de cambio corre el riesgo de convertirse en una excusa para no responder.

La sociedad debe exigir que la lealtad a un movimiento nunca esté por encima de la obligación de esclarecer los hechos y, si corresponde, sancionar conforme a la ley. Hasta ahora, no se han visto ni la transparencia ni los resultados que disipen las dudas.

El cierre del presente año, se espera inédito para nosotros los mexicanos en muchos sentidos.

Ojalá se cumpla el presagio de Gabriel Zaid: “El maximato cruje, y el poder tras el trono terminará por tercera vez”.



Columnista:
Don Damaso
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