toluca-frente-al-conformismo

TOLUCA FRENTE AL CONFORMISMO

CANTAR LAS CUARENTA

La Feria del Alfeñique es uno de los acontecimientos que fortalecen nuestra identidad. Da gusto ver el centro de Toluca lleno de color, actividad y familias que disfrutan de nuestras tradiciones. 

Pero esa experiencia también puede interrumpirse por algo tan básico como la falta de sanitarios públicos en condiciones de servicio.

Durante mi recorrido por la feria, encontrar baños con letreros de “fuera de servicio” plantea una pregunta sencilla: ¿se previó que miles de asistentes necesitarían usar instalaciones sanitarias? No se trata de un detalle menor. La calidad de un evento también se mide por la atención a necesidades básicas y por el cuidado de quienes participan en su organización.

Un par de cuadras antes de llegar a los portales sobre la calle de Bravo, nos topamos con un bache cubierto rudimentariamente con una llanta que algún vecino solidario colocó para evitar accidentes.

No deberíamos acostumbrarnos a que las fallas en los servicios públicos se vuelvan parte del paisaje. Cuando un problema se repite y nadie parece sorprenderse, la inconformidad puede convertirse en resignación. Y la resignación, con el tiempo, termina pareciendo normal.

Esa transformación recuerda a RINOCERONTE, la obra de Eugène Ionesco, dramaturgo rumano y una de las figuras centrales del teatro del absurdo. En su obra, publicada en 1959, los habitantes de una ciudad comienzan a convertirse en rinocerontes. Al principio, el fenómeno causa asombro; luego aparecen las explicaciones y, finalmente, la aceptación. La transformación avanza porque cada persona encuentra motivos para dejar de resistirse.

En Toluca no necesitamos imaginar rinocerontes en las calles para entender la metáfora. Basta observar cómo podemos acostumbrarnos a los baches, a los traslados interminables, a la basura en espacios públicos o a servicios que no están disponibles cuando se necesitan. Lo preocupante no es únicamente que ocurran estas fallas, sino que lleguemos a considerarlas irresolubles.

También hay una forma de conformismo en las frases que cierran la conversación: “no sirve de nada denunciar”, “siempre ha sido así”, “así es Toluca”. La queja se vuelve rutina; la rutina, indiferencia; y la indiferencia deja que los problemas continúen. Así, poco a poco, dejamos de exigir lo que debería formar parte de un servicio público digno.

Resistir al conformismo no significa creer que todo puede resolverse de inmediato ni atribuir cada problema a una sola causa. Significa observar, señalar las fallas y pedir que se atiendan. 

Las autoridades tienen la responsabilidad de planear y prestar servicios adecuados; la ciudadanía tiene el derecho de exigirlos y de no tratar la deficiencia como algo normal.

La pregunta que deja Ionesco sigue vigente: cuando todos parecen aceptar una situación, ¿quién se detiene a cuestionarla? En Toluca, quizá el primer gesto de cambio sea decir “esto no está bien” cuando algo no funciona. Una ciudad empieza a mejorar cuando sus habitantes dejan de confundir lo frecuente con lo aceptable y exigen que aquello que puede corregirse, se corrija.



Columnista:
Don Damaso
Vistas:
219

Opiniones Relacionadas