No conviene apostar todo a una carta.
Recorrimos uno de los polígonos más complicados de Toluca en materia de movilidad urbana: la zona donde se encuentran los hospitales Nicolás San Juan y Regional del ISSEMyM.
El tránsito es intenso, las banquetas resultan insuficientes, no hay suficientes lugares de estacionamiento y el espacio público se encuentra sometido a una presión permanente. Sin embargo, llamó especialmente nuestra atención la cantidad de puestos ambulantes instalados en los alrededores, particularmente aquellos que anuncian la venta de consumibles para hospitales.
La escena revela una situación profundamente preocupante: ante la escasez de insumos médicos en algunos hospitales, los familiares de los pacientes tienen que buscar y comprar con su propio dinero lo necesario para atender a sus seres queridos. Cuando una familia debe salir a la calle para adquirir materiales indispensables para salvar una vida, el sistema de salud y la autoridad responsable han dejado de cumplir su función.
¿Acaso próximamente encontraremos en cada esquina de Toluca puestos ambulantes donde se venda mezcla asfáltica, para que los vecinos reparen por cuenta propia los baches que más afectan sus calles? La pregunta parece irónica, pero describe el deterioro de nuestra calidad de vida: ciudadanos que pagan impuestos y, además, deben resolver con recursos propios las deficiencias de los servicios públicos.
Toluca necesita detener esta degradación. La autoridad municipal debe dejar de ser parte del problema y convertirse, de una vez por todas, en parte de la solución.
Durante los últimos cincuenta años, Toluca ha tenido 23 presidentes municipales: 19 hombres y cuatro mujeres. Solo uno de ellos ha repetido en el cargo.
De las cuatro mujeres, tres realizaron una labor que merece reconocimiento. Entre los 19 hombres, nueve tuvieron un desempeño aceptable. En términos porcentuales, tres de cada cuatro mujeres fueron reconocidas por su gestión, frente a poco menos de la mitad de los hombres.
No se trata de afirmar que las mujeres gobiernan bien por el simple hecho de ser mujeres, ni de sostener que todos los hombres gobiernan mal. Se trata de observar una experiencia concreta: a Toluca le ha ido, en distintos momentos, mejor con tres de sus presidentas municipales que con buena parte de sus presidentes municipales.
Las mujeres pueden gobernar con especial eficacia porque muchas conocen de cerca los problemas cotidianos que enfrentan las familias y las comunidades: la inseguridad en las calles, la falta de servicios, la educación, la movilidad y el cuidado de las personas.
Su experiencia en la organización, el diálogo, la mediación y la búsqueda de soluciones puede enriquecer la administración pública y hacerla con más empatía y cercana a la ciudadanía.
Quienes aspiren a gobernar deben subordinar sus intereses personales y de grupo al interés de la ciudadanía. El municipio no puede convertirse en plataforma de negocios, escaparate personal o botín de facciones.
Necesitamos autoridades que realicen las obras y acciones que la población necesita, no aquellas que sirvan para llenar sus alforjas, favorecer a sus socios o construir una candidatura futura.
Quien quiera dedicarse a los negocios está en libertad de hacerlo, pero quien aspire a ser servidor público debe entender que gobernar no es una oportunidad comercial. La ciudadanía exige responsabilidad, austeridad, transparencia y una vocación genuina de servicio.
En los últimos años hemos tenido alcaldes y alcaldesas de perfiles muy distintos: personas dignas de dirigir la capital del Estado de México y otras que han mostrado frivolidad, improvisación e incapacidad para cumplir siquiera con las obligaciones elementales del cargo. Hemos visto profesionales de la administración pública, pero también actores políticos más preocupados por la imagen, el grupo y el beneficio personal que por resolver los problemas de los toluqueños.
A esos últimos conviene llamarlos por su nombre: no son servidores públicos, sino policastros. Su conducta frívola daña a las instituciones, debilita la confianza ciudadana y deteriora todavía más la calidad de vida de quienes habitan la capital mexiquense.
La próxima administración deberá demostrar que la política todavía puede servir para resolver. Y si la experiencia de Toluca indica que varias mujeres lo han hecho mejor, conviene dejar atrás los prejuicios y valorar seriamente su capacidad para gobernar.
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Columnista: Don Damaso |
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