Con la baraja a la vista.
Un buen amigo, diablo rojo de corazón, no se pierde ningún partido del Toluca y suele viajar desde la Ciudad de México hasta la capital mexiquense. Recientemente me preguntó:
—Desde niño conocí esta ciudad como Toluca la bella, pero ahora veo por todos lados anuncios de Toluca la guapa. ¿Cuál es la diferencia?
Me llamó la atención su pregunta, así que decidí responderle de manera objetiva. Para ello, le pregunté cuál era su trayecto para llegar al estadio Nemesio Díez.
—Por Paseo Tollocan —me respondió—, hasta dar vuelta a la derecha en Jesús Carranza y después a la izquierda en Venustiano Carranza.
Ahí está la respuesta. Toluca la bella, la de los años sesenta y setenta, era como circular por Jesús Carranza en el tramo entre Tollocan y Venustiano Carranza: una carpeta asfáltica tersa, sin baches, como se ha mantenido desde que Barack Obama vino a comer las inigualables tortas toluqueñas. Toluca la guapa, en cambio, es como transitar por Paseo Tollocan: lleno de baches como nunca se había visto, que las autoridades pretenden tapar de manera chabacana, para que pocos días después reaparezcan. Eso no es mejorar la ciudad: eso es tirar el dinero en maquillaje.
Decir Toluca la bella y decir Toluca se pone guapa puede parecer lo mismo, pero cada expresión transmite una idea distinta. La diferencia está entre la esencia y la apariencia; entre lo duradero y lo temporal; lo responsable y lo irresponsable.
Toluca la bella sugiere que la ciudad tiene un valor propio y que debemos cuidarlo. Habla de identidad, orgullo y servicio constante. Toluca la guapa alude, en cambio, que solamente se arreglará aquello que está a la vista: calles, espacios públicos, alumbrado, limpieza y demás ocurrencias. Puede servir para activar y mostrar resultados, pero, sin continuidad, corre el riesgo de quedarse en acciones de relumbrón que ofenden la inteligencia de los toluqueños.
La mejora visible solo tiene sentido cuando se sostiene. De poco sirve embellecer una calle si después vuelve el abandono. La ruta hacia Toluca la bella exige mantenimiento, uso eficiente del presupuesto, calendario de acciones, tiempos de respuesta, seguimiento, transparencia y rendición de cuentas.
No son lemas opuestos, sino etapas complementarias. Toluca la guapa trae, moviliza pero es como un caramelo en la boca; Toluca la bella consolida, permanece y garantiza. Primero, se gana la confianza con resultados visibles; después, se protege con resultados verificables. Una ciudad puede ponerse guapa, pero solo se vuelve bella cuando el cambio continúa, se mide, se corrige y se convierte en rutina de gobierno.
Para recuperar el lema “Toluca la bella” es necesario exorcizar los siete pecados capitales de la ciudad: calles y vialidades desechas, transporte público, basura, delincuencia, desorden urbano, corrupción y estrés social.
Y para que los toluqueños volvamos a circular por calles como la de Jesús Carranza en el tramo entre Tollocan y Venustiano Carranza, las autoridades municipales deben dejar a un lado la tranza.
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Columnista: Don Damaso |
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