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TOLUCA: ¿CIUDAD DEL BIENESTAR?

Toluca no será una ciudad del bienestar por sus eslóganes, sus tarjetas o sus discursos, sino por la calidad de vida que ofrece cotidianamente a quienes la habitan. Más allá del debate sobre si es “la guapa” o “la bella”, conviene preguntarnos si nuestra ciudad es segura, ordenada, limpia, accesible y capaz de generar condiciones de vida dignas para todos.

El bienestar no se reduce a recibir un apoyo económico financiado con los impuestos de la población. También depende de contar con calles transitables, transporte eficiente, espacios públicos cuidados, servicios oportunos. Una política social puede aliviar carencias, pero no sustituye la construcción de un entorno urbano habitable.

Si cada “mentada” y palabra altisonante pronunciada al caer en un bache pudiera transformarse, por obra de un genio, en mezcla asfáltica, Toluca tendría calles dignas de un autódromo de Fórmula uno. Con el Checo y sin el bache. Sin embargo, mientras ese sueño guajiro no se cumple, basta recorrer la ciudad para encontrar muros grafiteados, ventanas rotas, terrenos baldíos sin barda convertidos en basureros y calles deterioradas que afectan por igual a automovilistas, peatones, ciclistas y usuarios del transporte público.

A ello se suma la conducta de algunos operadores del transporte urbano, que hacen paradas en donde se les antoja, frenan intempestivamente o cambian de carril sin utilizar las direccionales. También están las banquetas obstruidas, los vehículos estacionados en lugares prohibidos y las condiciones que vuelven casi imposible el desplazamiento de las personas mayores o de quienes utilizan silla de ruedas. Una ciudad que no puede recorrerse con seguridad y autonomía difícilmente puede llamarse ciudad del bienestar.

Pero la responsabilidad no corresponde exclusivamente a las autoridades, también a una ciudadanía dispuesta a cumplir sus obligaciones cívicas. El deterioro urbano se agrava cuando no barremos el frente de nuestras casas, arrojamos basura, dañamos el mobiliario público, invadimos las banquetas o conducimos con egoísmo y prepotencia. Resolver estos problemas requiere inversión y vigilancia gubernamental, pero también hábitos ciudadanos básicos, en una frase: empatía ciudadana.

En estas fiestas patrias, además de envolvernos en la bandera y proclamar nuestro orgullo mexicano, podríamos realizar un ejercicio de conciencia y responsabilidad. Ser amables y prudentes al conducir, mantener limpia nuestra acera, respetar los espacios reservados, asistir a las personas mayores, cuidar las áreas comunes y mejorar, cuando sea posible, la fachada de nuestra vivienda, son acciones sencillas que fortalecen la vida colectiva.

El bienestar no se decreta ni se entrega en una tarjeta: se construye todos los días, desde el gobierno y desde la ciudadanía. Tal vez esa sería una manera más auténtica de celebrar a México y de comenzar a convertir a Toluca en la ciudad digna que sus habitantes merecen.

“El precio que los buenos pagan por la indiferencia ante los asuntos públicos es ser gobernados por hombres malos.” Platón



Columnista:
Don Damaso
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