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EL VALLE DE TOLUCA ANTE EL ESPEJO DE DICKENS

Toluca tiene algunos de los portales más largos de México; también corre el riesgo de tener una de las agendas metropolitanas más extensas y complejas del país. La seguridad, el agua, la movilidad, la contaminación, el crecimiento urbano y la coordinación entre autoridades no son problemas aislados: forman parte de una misma realidad metropolitana que exige sentido común, planeación y compromiso con la ciudadanía.

La Zona Metropolitana del Valle de Toluca está integrada por 16 municipios. En el año 2000 tenía aproximadamente 1.54 millones de habitantes. Dos décadas después, la población rondaba los 2.35 millones, lo que representa un crecimiento cercano al 53%. Hacia 2030, la expansión urbana y la consolidación de la operación del tren interurbano El Insurgente podrían aumentar la presión sobre la vivienda, el transporte, el agua, la seguridad y los servicios públicos.

El reto no consiste únicamente en crecer. Consiste en crecer sin excluir.

Una ciudad puede aumentar su población, su infraestructura y su actividad económica, pero fracasar si los beneficios se concentran en unas cuantas zonas mientras otras permanecen abandonadas. Por eso, el desarrollo metropolitano debe medirse por el acceso real de la población al agua, al transporte, a la seguridad, a la salud, a la educación, a los espacios públicos y a un entorno ambiental digno.

La agenda es extensa. Debe incluir calles y vialidades con mantenimiento permanente; un transporte público seguro, accesible e integrado; una disposición adecuada de residuos; una política hídrica capaz de reducir fugas y mejorar la distribución; coordinación para garantizar redes confiables de energía; control del crecimiento urbano; reducción de la contaminación; y una estrategia común de seguridad entre los municipios.

Ninguno de estos problemas puede resolverse plenamente desde un ayuntamiento aislado. La movilidad atraviesa fronteras municipales; el agua no reconoce límites administrativos; la contaminación se desplaza; la inseguridad tampoco termina en una línea territorial. La metrópoli necesita gobiernos que compartan información, coordinen decisiones y rindan cuentas sobre resultados comunes, por encima de colores partidistas e intereses particulares.

Para comprender la dimensión política de estos desafíos, conviene volver a una de las grandes novelas del siglo XIX: Historia de dos ciudades, de Charles Dickens. La obra muestra cómo una sociedad puede acercarse a la crisis cuando las élites pierden contacto con la población, las instituciones dejan de impartir justicia y los agravios cotidianos se acumulan sin respuesta.

Dickens no ofrece un manual de gobierno, pero sí formula una advertencia vigente: la desigualdad se vuelve políticamente peligrosa cuando las personas sienten que las reglas protegen a unos cuantos y que sus problemas no le importan a nadie.

La lectura de Dickens podría traducirse en un principio de gobierno metropolitano: Ningún problema social debe ser ignorado hasta convertirse en una crisis política.

Hay que actuar antes de que el deterioro de las calles se convierta en abandono urbano; antes de que el transporte deficiente se traduzca en pérdida de oportunidades; antes de que la falta de agua se convierta en conflicto; antes de que la corrupción produzca cinismo; y antes de que la inseguridad destruya la confianza entre ciudadanía y autoridad.

La Zona Metropolitana del Valle de Toluca necesita menos proyectos aislados y más visión de conjunto. Necesita menos anuncios y más seguimiento. Necesita escuchar a la población, caminar el territorio, establecer prioridades, asignar responsabilidades y publicar resultados.

La verdadera prueba de 2030 no será únicamente cuántos habitantes tendrá la metrópoli ni cuántas obras se habrán inaugurado. Será saber si el crecimiento produjo una metrópoli más integrada o una región con mayores contrastes; si el tren acercó oportunidades o únicamente aceleró la expansión urbana; si los gobiernos aprendieron a coordinarse o continuaron administrando problemas por separado.

La gran enseñanza de Dickens para el Valle de Toluca es sencilla: una sociedad no se rompe solo por sus carencias, sino por la sensación de que esas carencias no le importan a nadie. La metrópoli todavía puede elegir otro camino: justicia territorial, presencia gubernamental, coordinación institucional, rendición de cuentas y dignidad en el servicio público.

El futuro metropolitano no comienza en 2030. Se decide ahora, en cada obra de calidad, en cada problema atendido y en cada autoridad que comprenda que Toluca y sus municipios conurbados ya no pueden gobernarse como un archipiélago, sino articularse como una sola metrópoli.



Columnista:
Don Damaso
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