19/Jul/2024
Portal, Diario del Estado de México

CON SINGULAR ALEGRÍA

Fecha de publicación:

GILDA MONTAÑO

Historia de la migración en México

México ha sido un lugar en donde se han dado cita muchos pueblos del mundo. A lo largo de su historia ha fomentado el flujo de corrientes extranjeras, ha dado asilo a refugiados de distintos regímenes, y también ha acogido a quienes han huido de la violencia de sus países.

Al poco tiempo de consumada la Independencia se promovió la colonización del norte del territorio, e incluso se elaboraron legislaciones que favorecían la inmigración, como fue el caso de la ley de Colonización del 4 de enero de 1823 y  de la Ley del 18 de agosto de 1824. La Constitución de 1824, de carácter liberal, recogió importantes avances frente a las tendencias esclavistas, con base en el decreto que prohibía cualquier práctica de esta índole, del 23 de septiembre de 1817. Con estas disposiciones legales la población de origen predominantemente africano se dispersó en pequeños grupos por el país, dirigiéndose sobre todo a las costas. En la actualidad, descendientes de ellos a través de diversos mestizajes, radican en algunos poblados de la costa chica de Guerrero, Veracruz, Tabasco y Oaxaca.

En México los franceses comenzaron a distinguirse como grupo inmigrante a partir de la etapa independiente. Entre 1849 y 1852 más de 2000 inmigrantes franceses llegaron, a través de California, hasta el estado de Sonora.  Los logros que en materia de inversiones, agricultura, comercio, e influencia en la vida pública, social e intelectual, alcanzaron estos inmigrantes en el país, se reafirmó con los gobiernos republicanos y florecieron centros de población francesa en los estados de Jalisco, Michoacán, Baja California, Sonora y Veracruz.

Los conflictos internacionales que se dieron a mediados del siglo XIX no variaron la política migratoria del país, sino que se siguió promoviendo la inmigración no sólo para ayudar al desarrollo sino como una oportunidad de delimitación del territorio nacional.

Manteniendo estrecho contacto con sus familias y sus raíces muchos italianos emigraron a México, principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XIX.  Procedentes sobre todo de Lombardía, Piamonte, y Véneto, llegaron al país en los primeros años de la década de los 80’s del siglo pasado, porque “México es un paraíso y la situación política es de absoluta tranquilidad y de progreso en todos los órdenes”, según una convicción manifiesta de aquel entonces. Y los colonos europeos poco a poco llegaron a formar parte del tejido ordinario de la nacionalidad mexicana.

El primer grupo de japoneses que llega a la República Mexicana en 1875, lo componían 180 personas. Sin embargo, la mayor corriente migratoria proveniente del Japón se dio a partir de 1910, año en el que gran número de japoneses cruzaron la frontera de los Estados Unidos hacia México, y se internaron al territorio nacional, donde se dedicaron en especial, al comercio. Posteriormente, las actividades con las que se distinguió esta comunidad fueron las características de la importación, comercialización y desarrollo tecnológico de artículos eléctricos y electrónicos. La mayor parte de los japoneses que han llegado a México se han integrado a nuestra sociedad, a la que han hecho, como cada grupo proveniente de una rica tradición, importantes contribuciones culturales.

En 1880 se inicia la inmigración china a México, compuesta entonces de campesinos provenientes del imperio Manchú, que se prolongó hasta bien pasada la Segunda Guerra Mundial con un flujo migratorio que se vio continuamente aumentado y que aportó una valiosa mano de obra a la ampliación de la infraestructura básica en el esfuerzo de modernización del país. De 1940 a 1980 era muy superior el número de varones inmigrantes respecto de las mujeres, hecho que determinó la plena integración de esta corriente migratoria a la configuración de familias mexicanas.

El final del siglo XIX fue la época en que la inmigración procedente de Europa, ingleses, franceses, e italianos principalmente, adquiriera cierta continuidad. En forma paralela al establecimiento de estos grupos se presentan otras inmigraciones, como las de los israelitas, libaneses y chinos que vendrían a complementar las actividades industriales y agrícolas. (Continuará)

gildamh@hotmail.com

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CON SINGULAR ALEGRÍA

POR GILDA MONTAÑO

25-12-21

Historia de la Migración en México II

          El presidente revolucionario Álvaro Obregón declaró en 1920 que el país debía propiciar una política migratoria de puertas abiertas como vía de enriquecimiento del proyecto nacional emergente a partir de la Revolución Mexicana.

          La primera globalización económica mundial tuvo efecto a finales del siglo pasado y coincide con la plenitud del prolongado gobierno de Porfirio Díaz. La etapa del porfiriato representa el momento en que se establecen las bases del desarrollo capitalista, la construcción de vías férreas, de puertos, la modernización de la incipiente industria de la agricultura, la explotación de recursos naturales y de otra serie de bienes que requerían de financiamiento y técnica, pero principalmente de fuerza capacitada. Para lograr todo esto fue necesario que las dos últimas décadas del siglo xix se convirtieran en una época de atracción a los inmigrantes procedentes de Europa: sobre todo ingleses, franceses, e italianos, en un flujo persistente.

          En forma paralela al establecimiento de estos grupos, se presentaron otras inmigraciones, como las de libaneses, israelitas y chinos que completarían las actividades industriales y agrícolas.

          El gobierno mexicano registró por primera vez la entrada de libaneses al país, en 1898. El primer trabajo que ejercieron fue el de comerciantes, y tras de dispersarse hacia el interior del país contribuyeron de manera importante al desarrollo del mercado interno para los productos derivados de la actividad industrial primero incipiente y después en expansión.

          Aún cuando ya habían hecho aportaciones significativas a la sociedad mexicana en el siglo XIX, no fue sino hasta 1912 que se organizó la sociedad Monte Sinaí formada por un pequeño grupo de inmigrantes del oriente cercano y de Europa meridional. Para 1918 se inicia la inmigración más fuerte de israelitas provenientes de Europa Central y Oriental, donde la crisis económica provocada por la Primera Guerra Mundial los determina a abandonar sus lugares de origen. Esta corriente cobra fuerza cuantitativa y cualitativa por lo que hace a su presencia en la vida económica, profesional y social del país a raíz, sobre todo, de los trágicos acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. La comunidad israelita ha registrado un alto grado de integración efectiva a la sociedad mexicana.

          A  principios del siglo XX  el cuidado que tuvo el gobierno para fomentar las colonizaciones dejó sus huellas. México necesitaba gente y fuerza de trabajo especializada.  En ese momento lo que sobraba eran riquezas naturales. Los bienes de nuestra tierra eran muchos y se requería de brazos e inteligencias que nos ayudaran a trabajarla.

          El reconocimiento del gobierno de Obregón y después el acuerdo Calles-Monrow permitieron que los inmigrantes adquirieran bienes rústicos y urbanos, conforme a plazos y condiciones previstos.

          Durante el gobierno cardenista se precisaron aquellas actividades profesionales que se consideraban necesarias como apoyo al progreso económico y social del país.

A partir de 1936, con la rebelión de las tropas franquistas españolas que dio origen a la guerra civil española, se iniciaron una serie de conflictos que ensangrentaron a Europa por casi una década. Muchos europeos vieron como única opción la emigración a América.    En 1939, con el recibimiento de los republicanos españoles, México comenzó una política migratoria cada vez más abierta, por razones humanitarias. Esta continuaría con la emigración israelita y la europea en general.  El nombre de México fue sinónimo en Europa de humanismo y refugio, de libertad, terreno fértil y un horizonte prometedor. A la vez, esas corrientes migratorias fueron reconocidas como fuente de una enorme riqueza intelectual y cultural, en sentido amplio, que incidieron en la formación de mexicanos ilustres. De manera eminente, el Ateneo Español de México fue fundado a fines de 1948 y aglutinó a varios de los transterrados del exilio republicano en torno a un proyecto cultural progresista. Habría que destacar que, a partir de la labor llevada a cabo por los intelectuales y académicos del exilio republicano español, se crearon 11 colegios e instituciones de enseñanza específica, a la vez que se manifestaron logros perdurables a raíz de ella en los centros de estudios superiores del país.

gildamh@hotmail.com

Tags: en Opinión
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