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México en llamas: el mundial social

Leobardo Hernández

Mientras la todopoderosa federación internacional de futbol capitalizará el negocio que ha secuestrado al deporte, otros sectores buscan su propia forma de capitalizar el espectáculo. Los reclamos sociales pueden ser puestos en la palestra internacional para ejercer una presión extra a los gobiernos, y no se puede permitir dejar pasar una oportunidad de tal magnitud. 

Ni los países “desarrollados” se han salvado de este tipo de manifestaciones. Durante el mundial pasado, en Qatar, el reclamo social giró en torno a las pésimas condiciones laborales, sobre todo cargadas a hombros de migrantes, para que el mundial de 2022 tuviera la imagen fantástica que se espera de un país económicamente próspero. Trabajadores murieron durante la construcción de estadios por las jornadas laborales inhumanas y el calor extremo. Igualmente la comunidad LGBT catarí aprovechó para visibilizar el sometimiento cultural y legal que enfrenta, además de las expresiones de protesta incluso de los propios visitantes respecto a la desigualdad de género milenaria en el país y en la región.

En Brasil se desató la inconformidad después de que se designó como sede mundialista en 2007. En 2014, ya en la celebración del torneo, las protestas escalaron por despojos de propiedad, gastos excesivos del gobierno que “invirtió” alrededor de 14 mil millones de dólares en la infraestructura para el evento. Dilma Rousseff y la izquierda brasileña pagaron los platos rotos electoralmente, y en los hechos, el voto de castigo de los brasileños para elegir a Bolsonaro se convirtió en un voto de castigo propio. 

Estos son los conflictos sociales inmediatos. También se recuerdan las manifestaciones en Alemania (2006) en denuncia del fascismo y el capitalismo salvaje promovido por las grandes potencias imperiales… Y ni qué decir décadas atrás. 

Ahora México vive un momento de estabilidad empañada por resabios de administraciones desastrosas del pasado que los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación no han sabido resolver. Reclamos legítimos de docentes, madres buscadoras y familias de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa se ven envueltos en la frustración y deseo de oportunistas adversos al gobierno que reclaman su “derecho” a los privilegios. 

El lunes pasado, concesionarios de transporte público del Estado de México anunciaron que se incorporarán a las movilizaciones durante la jornada inaugural del Mundial en la Ciudad de México… Recriminan supuestos actos de corrupción de la Secretaría de Movilidad estatal, pero precisan manifestarse fuera del estado, curiosamente. 

Este gremio, o mejor dicho la élite gremial, ha sido históricamente brazo del PRI durante casi un siglo de hegemonía. Aunque la Semov no ha sido tan eficiente como pudiera esperarse luego del cambio de orientación política en el gobierno, los pocos pelos que le ha quitado al monstruo camionero le han dolido bastante; por otro lado Claudio X González (junior), que criminalizó la manifestación de la CNTE durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, hoy las exalta por su valor democrático. La hipocresía preñada de criminalidad exudan por cada poro estos fachos

Sin embargo, y lejos de lo que pueda parecer, México no vive la peor de las situaciones. La potencia mundial, el ejemplo a seguir de la ultraderecha mexicana: Estados Unidos, vive prácticamente un estado de sitio, casi igual al contexto del mundial de 1978 en Argentina, celebrado durante la dictadura de Jorge Videla. 

El hartazgo social y el caos de una comunidad enferma que gobierna se han plasmado violentamente. El sábado pasado, con un tiroteo (para variar) en Kansas, donde 9 personas resultaron heridas a unos kilómetros de una zona de entrenamiento para el mundial. Este escenario se ha repetido en estados como Ohio y Nueva York.

Ni los invitados se han salvado de la brutal discriminación migratoria y xenófoba tradicional en el país vecino. El árbitro somalí Omar Abdulkadir, considerado uno de los mejores de África, fue deportado tras un interrogatorio de horas; la selección iraní, evidentemente, fue reprendida con la negativa de visas, de entrenar en la sede donde disputará sus partidos, por lo que Xolos de Tijuana cedió sus instalaciones para que pudiera entrenar, pues luego de cada partido en Estados Unidos tendrá que dormir fuera del país.

A esto se suma el malestar social por las locuras del presidente naranja, que ha sumido a la potencia en una crisis económica casi como las priistas de los noventa en este lado del Bravo. Por cierto, este sujeto, Trump, recibió el premio (inventado) de la paz otorgado por la FIFA, que claro está, ha consentido todas las arbitrariedades del estadounidense, mientras los rusos fueron descartados de los mundiales por sanción debido a la guerra con Ucrania (apoyada por los yankis).

La situación en México dista inmensamente de la que enfrenta Estados Unidos. El gobierno de Sheinbaum puede enfocarse en resolver o negociar problemas puntuales; pero decir que hay ingobernabilidad es desproporcionado y obedece más al deseo de ciertos sectores de recuperar los favores del gobierno, que ya no ven en la vía electoral una posibilidad de hacerlo, hecho que los hace patéticos por el discurso, pero peligrosos por el poder que aún ostentan. 



Columnista:
Leobardo Hernández
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