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Confesiones de turista 116

Aranxa Albarrán Solleiro

Genocidio y ecocidio

Recuerdo iniciar mi recorrido por la Riviera Maya, aterricé justo en una zona que hace 70 años fue construida por deseos de “activar” el turismo, el mismo término que hasta estos días continua en los labios de uno y de otro en el mundo, como si se tratará de una especie de botón que enciende las luces en la habitación de cualquiera.

Activar, de acuerdo a la Real Academia Española que también ha sido nombrada centenares de ocasiones por el mundo en los últimos meses, asegura que la palabra tiene por significado “hacer que un proceso parezca más vivo”, sin embargo, la mayoría de los habitantes del planeta Tierra, han entendido de manera errónea lo que debe considerarse como “vivo” y es que al decirlo nos referimos sin remedio, a todo lo que tenga palpitaciones, luz, alma, movimiento y eventualmente, esto sea causa de tranquilidad, alegría o sencillamente de regocijo por estar rodeados de ello.

En el sector turístico, el término ha permeado durante décadas incesantes, solo que hasta el año pasado ha sido motivo de dolores de cabeza de gerentes de establecimientos de hospedaje, alimentos y bebidas y todo aquel relacionado al giro, ya que activar, para ellos, es un sinónimo de ganancias y al mismo tiempo de construcción, lo cual conlleva a una deconstrucción, apropiación y desterritorialización. 

Para los habitantes de la Riviera, que eran todos, sin excepción alguna, provenientes de la mayoría de los estados de la República menos de Quintana Roo. Los nacidos en Oaxaca, Chiapas y Sinaloa ponderaban en las calles. Recuerdo que Susana, una chica sinaloense de 30 años, me comentó que dejó sus tierras porque el Caribe era el sueño de su vida y deseaba con fervor, habitar el sitio con mayor crecimiento en América Latina.

Sin embargo, bajó la mirada cuando llegó al punto siguiente: “me duele que ahora no podamos salir tranquilos por las calles, porque nosotros vivimos aquí, pero ya no somos bienvenidos. Es algo raro, pero a lo que voy es que solamente si eres extranjero te atienden en cualquier restaurante o tienda y si te ven que eres de aquí o mejor aún, mexicano, ya ni te pelan”.

“¿Pero qué sucede con la vida del turismo? Si por fin en el Caribe se tienen grandes cadenas hoteleras, centros comerciales, espacios nocturnos e incluso se tiene lo más importante: un aeropuerto internacional”. Respondí, tal vez, desconsideradamente hacia lo que mencionó.

Sí, pero lo que no se sabe es la pérdida de poblaciones mayas porque lo activo, lo vivo y lo iluminado, no los considera dentro de la lista.

“¿Qué pasó con la gente maya?” Pregunté a la directora de turismo del año 2018 en el municipio de Solidaridad. “Bueno, es que los mayas prefieren habitar en municipios no aledaños a los turísticos”, dijo con seguridad envidiable.

¿De verdad? Los mayas por sí solos decidieron desterrarse de su lugar de nacimiento, porque de repente empezaron a robarles espacio para construir un Hyatt, un Rosewood, un Hilton, un Riu y un Hard Rock justo en el sitio donde habitaban alrededor de 10 personas.

Bien, seguramente la activación se debe al tipo de raíz que rodea nuestro cuerpo e intelecto, si uno no es capaz de hablar español y se refiere a todos con una lengua indígena del sitio, de inmediato suele ser afectado, pero si uno habla un idioma que comúnmente es reproducido en las mejores películas ganadoras del Oscar, entonces sí, a ellos les viene bien.

Un genocidio y ecodicio deshumano, que nos ha llevado a perder el sentido del turismo en el reciente siglo. A pensar que la activación debe ser entendida por destrucción de sitios originales y construcción de sitios lujosos en su lugar.

Pero qué bonito el turismo que se activa, al final de cuentas, pues mi sociedad seguirá creyendo que se trata de una multiplicación de números que resaltan en las hojas impresas de medios de comunicación o en las páginas de internet en beneficio de la OMT o cualquiera de sus adyacentes, pues mencionan tranquilamente: más de 100 millones de dólares se esperan para fin de año en las zonas turísticas del país.

¡Alégrese!

Confesiones en: Twitter: @aranx_solleiro, Instagram: @arasolleiro y aranxaas94@gmail.com


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