Martha Romero
La pobreza menstrual continúa siendo una realidad en municipios mexiquenses con población indígena como San Felipe del Progreso, Temoaya y Almoloya de Juárez, donde la problemática va más allá de la falta de productos de gestión menstrual, pues incluye la ausencia de información con perspectiva de género.
Así lo advirtió Victoria González Herrera, fundadora de la colectiva Marea Roja MX, quien explicó que en estas comunidades persisten creencias que condicionan la vida cotidiana de las mujeres durante la menstruación.
Señaló que entre las ideas más comunes está la prohibición de que las mujeres cocinen o se acerquen a los ojos de agua mientras menstrúan, esto último bajo la creencia de que son “impuras” y podrían provocar que estos se sequen.
Indicó que la pobreza menstrual también está relacionada con la falta de estrategias para democratizar la información y combatir estos discursos, los cuales continúan reproduciéndose en distintos contextos sociales y culturales.
Añadió que es necesario dejar de concebir la menstruación únicamente como un rito de paso o un proceso vinculado a la reproducción, para entenderla como un proceso biológico cíclico que debe abordarse desde una perspectiva de salud y derechos humanos.
González Herrera sostuvo que cualquier estrategia para atender la pobreza menstrual debe considerar las particularidades culturales de cada comunidad, por lo que advirtió que no es viable imponer alternativas sin tomar en cuenta los contextos locales.
Consideró indispensable fortalecer las políticas públicas para garantizar el acceso gratuito a insumos de gestión menstrual, de manera que ninguna persona tenga que elegir entre adquirir toallas sanitarias o cubrir otras necesidades básicas.
Señaló que una de las expresiones más graves de la pobreza menstrual se vive en los centros penitenciarios, donde algunas mujeres, ante la falta de insumos, recurren al uso de pedazos de colchón, papel higiénico, calcetas o, incluso, no utilizan ningún material durante su periodo menstrual.
Finalmente, hizo un llamado a reconocer y profesionalizar la labor de las educadoras menstruales, quienes desempeñan un papel clave para erradicar discursos que segregan, violentan y refuerzan los roles de género, además de contribuir a una educación integral en salud menstrual.
(Foto: Especial Portal)
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Categoría: Sociedad |
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