Martha Romero
La consejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), Amalia Pulido Gómez aseveró que el 8 de marzo es un recordatorio incómodo de que la igualdad aún es una promesa incumplida porque para las mujeres no existe la igualdad sustantiva en lo público, además de que en pleno 2026 ningún país ha logrado cerrar completamente las brechas entre hombres y mujeres.
Señaló lo anterior previo a la conferencia magistral “Mujeres en Política: Retos en el Ejercicio de sus Derechos Político-Electorales” dictada por Leticia Bonifaz Alfonso, y añadió que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a partir de una muestra de países encontró que en casi el 70% de ellos las mujeres enfrentan más obstáculos para acceder a la justicia.
Tras añadir que sí los derechos que no se garantizan en la práctica no son derechos y la justicia que no protege a las mujeres es incompleta, reconoció que en México se ha avanzado de manera histórica en la participación política de las mujeres y, de hecho, es un referente mundial en paridad legislativa y el principio de paridad en todo es Constitucional.
Resaltó que si bien se han abierto puertas en lugares que por años fueron muros, pero cada avance ha estado acompañado de retos porque la llegada de más mujeres a espacios de decisión también ha incrementado la violencia, así como las formas de ejercerla en su contra porque sus derechos en muchas ocasiones resultan incómodos, cuestionados y violentados ante una sociedad que sigue batallando con estereotipos patriarcales.
Pulido Gómez destacó que actualmente la violencia política contra las mujeres no solo se ejerce en un acto de campaña, en una instancia pública o en una oficina partidista, sino en pantallas donde se reproducen algoritmos patriarcales y se soporta en el anonimato de las redes sociales.
Refirió que a partir de datos del módulo sobre ciberacoso del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024 más de la mitad de las personas de 12 años y más que habían sido víctimas de ciberacoso durante ese año fueron niñas y mujeres.
Indicó que aunque la digitalidad tiene el potencial de cerrar brechas, incluida la de género, en la práctica ha sido un espejo más que una ventana porque para las mujeres que participan en la vida pública, el abuso digital se ha convertido en un arma para la marginación y la exclusión, mismo que empieza con un mensaje, un deep fake, la difusión de una imagen íntima sin consentimiento y una campaña coordinada de odio, que después se traslada a la vida real.
Resaltó que ante el miedo, ansiedad, autocensura, discriminación laboral y en algunos casos violencia fuera de las pantallas, seguirán insistiendo en que la democracia real no puede sostenerse como regla del juego en el silencio de las mujeres, ya que cada vez que una voz es silenciada y apartada, el debate público se empobrece y la ciudadanía en su conjunto es la que pierde, reglas que las mujeres no han aceptado.
Precisó que se necesitan de instituciones capacitadas, presupuestos con perspectiva de género, protocolos sólidos, responsabilidad de las plataformas digitales, observatorios que generen evidencia y sobre todo voluntad, ya que la paridad numérica cuando implica representación descriptiva sin pasar a la sustantiva es un avance en términos de justicia histórica, pero no informa el futuro ni apunta a un cambio de paradigma.
“No podemos perder de vista que participar en política no debe estar asociado con hostigamiento permanente, cobertura mediática estereotipada o amenazas contra nuestros familiares, ni en la esfera digital ni en el plano físico. No podemos permitir que nos expulsen del espaio público”, concluyó.
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