La constitución consagra las libertades de expresión en sus artículos 6 y 7 y de petición en el octavo, así como el de la libre circulación en el onceavo. También se prohíbe obstruir la libre circulación en la vía pública o en las vías de comunicación, no precisamente en nuestra carta magna pero sí en leyes secundarias, por ejemplo, el artículo 25, fracción II, de la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México que establece como infracción contra la seguridad ciudadana “Impedir o estorbar de cualquier forma el uso de la vía pública, la libertad de tránsito o de acción de las personas, siempre que no exista permiso ni causa justificada para ello”. Todo lo anterior viene a colación por el eterno dilema de la libertad de manifestación que termina donde empieza el libre derecho de circular de las personas, la máxima de “sin daños a terceros”. En ninguna parte de las leyes mexicanas establece que se podrán bloquear calles y carreteras como medidas de protesta. Quienes recurren a esas prácticas lo justifican con el argumento de “presionar a las autoridades” si embargo, no son éstas las agraviadas sino la ciudadanía, y si en alguna parte de la historia medianamente reciente del país, los que hacían marchas o plantones gritaban frases como “pueblo, escucha, también ésta es tu lucha” o “únete pueblo, únete pueblo” para obtener la empatía popular, ésta casi nunca se dio, y menos cuando el ciudadano se ve afectado. Recientemente vimos cómo en Nogales Sonora un grupo de manifestantes productores agrícolas sinaloenses fueron prácticamente desalojados por transportistas sonorenses afectados por el bloqueo en la garita de Nogales Arizona que como en todos los bloqueos carreteros provocan pérdidas millonarias. Otro ejemplo que también se suscitó esta semana se dio en la capital del país cuando un motociclista repartidor de comida por aplicación y el conductor de un triciclo, vendedor de garrafones de agua, quisieron pasar el bloqueo de una calle y los que la bloqueaban los ambas personas fueron agredidas a golpes, provocando la indignación, o en meses recientes en el norte del Estado de México un automovilista pasó como pudo un bloqueo carretero y fue alcanzado por algunos manifestantes que con piedras le quebraron el medallón y parte de la carrocería, por lo que el ciudadano sacó un arma de fuego e hirió a algunos de los agresores. Definitivamente estas son señales de alerta del hartazgo ciudadano ante los ilegales bloqueos. La autoridad tiene que imponerse desalojando a quienes obstruyan las vías de comunicaciones y trasporte y se deje de la odiada demagogia de “no vamos a caer en provocaciones” y “se van a quedar con las ganas de vernos reprimir”. Reprimir es disolver con violencia una manifestación legítima y pacífica, y con pacífico nos referimos a que no impidan el libre tránsito, que, insistimos, no es legal desde ningún punto de vista. ¿o qué esperan? ¿Qué se den enfrentamientos violentos entre ciudadanos dejando muertos porque algunos tienen que hacer valer su derecho que el estado no les está garantizando como es su obligación? ¿Por qué ya casi todas las manifestaciones ya son violentas? Señal de alerta ... ¡Hasta la próxima! ... Comentarios y mentadas: godinezalfonso@hotmail.com
|
Columnista: Alfonso Godínez Mendiola |
Vistas: 289 |