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Riesgo de desencanto popular ...

Recuerdo cuando, siendo un niño en Ciudad Victoria, pregunté a mi madre ¿quién ganó las elecciones? Y me respondió con una mueca de enfado “otra vez el #$%&/!!! PRI” y mi padre corrigió: “no, quien ganó fue el abstencionismo” y tras explicarme el significado de esa palabra que por primera vez escuchaba en mi vida, me era común escuchar la frase “¿para qué voto si siempre gana el PRI?”. Supe también que años antes, en 1976, se llegó a un extremo que parecía un mal chiste para retratar a una verdadera “dictadura perfecta”, que hubo uno solo candidato presidencial, José López Portillo, postulado por el PRI y respaldado en las boletas por los partidos paleros PPS, PST y PARM, y que la derecha atravesaba una crisis interna que les impidió participar y la verdadera izquierda carecía de registro y era perseguida. No fue hasta la elección presidencial de 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas que la ciudadanía se interesó en votar porque por primera vez había esperanza de derrotar al PRI en las urnas, pero vino el fraude electoral, cuando se calló y se cayó el sistema. Pero no fue en vano, Salinas no pudo evitar el despertar de los mexicanos y pese a sus intentos como reelegirse, establecer un sistema bipartidista PRI – PAN y desaparecer a la izquierda, “pos nomás” no prosperaron. Acabó su sexenio de pésima manera y tras “los errores de diciembre” (de 1994) Zedillo ya no pudo ni quiso impedir el crecimiento del PRD con Cárdenas Solórzano, que ganó el entonces DF. Ahí empezó la verdadera transición democrática o la también denominada “era de la alternancia”, y pese a la ilegal intervención de los “poderes fácticos” en el fraude del 2006, la democracia en México ya fue irreversible y los mexicanos ya no dejaron de acudir a votar. Aún así prevalecen vicios antidemocráticos como el “trapecismo político”, es decir, los políticos priístas que siempre son candidatos y ganan el cargo de elección popular para volver a candidatearse tres años después, pasando de un cargo a otro, como trapecista de circo. Surgió la crítica frase “los mismos de siempre” pero lo “pior” es que en la entonces oposición también se dio esa antidemocrática práctica que tanto le criticaban al PRI. Luego la derecha dobló al PRI del corrupto y vende patrias de Peña Nieto para que en febrero de 2014 aprobaran la reelección para alcaldes y legisladores hasta por 4 periodos consecutivos para estos últimos, al más puro estilo de “Varguitas”, del film de Luis Estrada “La Ley de Herodes”, con lo que los “liderazgos” políticos locales se recrudecieron convirtiéndose en rancios cacicazgos, y reitero, en todos los partidos, y, paradójicamente, también en Morena. No fue hasta este sexenio en que la PresidentA Claudia Sheinbaum, en un acto de congruencia democrática y escuchando el clamor popular de eliminar o por lo menos reducir a los diputados locales y federales así como a los senadores bajo el principio de “representación proporcional”, los tan odiados “plurinominales”, propuso su reducción y la eliminación de la reelección, pero obviamente sus aliados, el de casi siempre y el coyuntural, y hasta algunos morenistas, se opusieron, pues en el caso de los primeros dos partidos políticos, casi todos los cargos de elección popular que ostentan, los consiguieron por la cómoda vía de la representación popular, incluyendo las curules y escaños de sus dueños, de sus gerentes estatales y municipales así como los de sus más cercanos incondicionales, con familiares incluidos y hasta parejas sentimentales, pero no fue del todo una derrota para la democracia, pues al menos se logró que la reelección y el tema del repudiado nepotismo que también se había propuesto, aplicara a partir de 2030 y no de la elección del 2027, año en el que la gran mayoría de los diputados locales, federales y alcaldes con síndicos y regidores incluidos, de todos los partidos políticos, buscan desde ya reelegirse, dejando sin oportunidad de participación a sus respectivas militancias, principalmente a los jóvenes, excepto los “júniors lelos”, pero el gran riesgo es que se provoque el regreso del abstencionismo que fue el verdadero “ganador” durante años en el viejo régimen priísta, reviviendo con mayor vigor el antiguo lema “los mismos de siempre”. La participación ciudadana es la piedra angular con el que se edifica el edificio de la democracia, y todos los partidos políticos, sin excepción, la están poniendo en riesgo presentando como candidatos a “los mismos de siempre” ... Nos leemos la próxima semana, raza ... Comentarios y mentadas: godinezalfonso@hotmail.com

 


Columnista:
Alfonso Godínez Mendiola
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