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1a. Semana de noviembre: Información y economía creativa

Capital creativo

José Miguel Alva Marquina

“Al final me iré / De tantas formas diferentes / No sé si sabes qué se siente / Al final me iré / De una vez o tantas veces / Al menos dime que me entiendes / Y me quedaré / Pues jamás me iré del todo”.

Retomo este segmento de la canción “Seremos libres” de Alejandro Sanz, que en julio de 2001 estrenará Julio Iglesías, y que describe que a veces vamos y venimos, ese es el caso de su servidor a Portal Liberación, un periódico al que he estado ligado, justamente desde hace 7677 números desde aquel marzo de 1999, cuando iniciamos con una sección llamada Las Tierras infinitas, dedicadas primeramente a los cómics y a los libros, no se podía llamar Los Monitos, como la que teníamos en “Acta Semanal” en la que estrictamente se hablaba de cómics e historietas.  

Hacia el último cuatrimestre de cada año, la agenda cultural y de la economía creativa se satura: coinciden ferias del libro, festivales, premiaciones, conmemoraciones históricas y celebraciones vinculadas al patrimonio material e inmaterial en México y América Latina.

Paradójicamente, justo cuando el calendario se comprime, retomamos este espacio. Volvemos no solo para dialogar sobre cultura popular, sino para abordar el patrimonio, la economía circular y los modelos de negocio que impulsan la autonomía económica. En un entorno donde la información circula con rapidez vertiginosa y la inteligencia artificial —tanto generativa como predictiva— forma parte de nuestra vida cotidiana, el nombre de Tierras Infinitas vuelve a quedar corto frente a una realidad que exige análisis más amplios y rigurosos.

Hace unas semanas, todavía como Tierras Infinitas retomamos el hablar de libros, en concreto de algunas de las actividades que se han desarrollado en torno a la FILEM y su edición 2026, resaltando que los productos editoriales comprenden muchas aristas, más allá de las netamente vinculadas a la actividad literaria, ya que la generación de ideas comprende todas las áreas del conocimiento humano, el cuál cada día está más allá de lo imaginable. 

La economía creativa constituye un ecosistema productivo, territorial y social donde el talento y la imaginación se formalizan a través de la propiedad intelectual para generar bienes, servicios y experiencias con valor cultural, simbólico y económico, impulsando la innovación, el empleo y la regeneración urbana. En un mercado saturado de lo efímero, el capital creativo demuestra que la verdadera riqueza de una nación no está en lo que extrae del suelo, sino en lo que hereda, transforma y proyecta desde su propia memoria. 

Dicho de otra forma, el talento imagina, la memoria preserva y el capital creativo construye: transformar nuestra identidad en desarrollo no es una concesión simbólica, es el motor estratégico de nuestro porvenir. 

Nuestra evolución hacia Capital Creativo responde a este cambio de natural. Si hace 27 años este espacio exploraba los terrenos de la fantasía y la cultura popular, hoy asume la economía creativa como una perspectiva integral que abarca tanto a las industrias creativas como al patrimonio cultural inmaterial.

En la próxima entrega examinaremos a sus principales referentes teóricos, la gestión del patrimonio cultural y la manera en que estos conceptos inciden en la vida cultural y de emprendimiento de este país. 

La creatividad concibe el valor, la identidad lo arraiga y el capital creativo lo vuelve futuro. Nos vemos en una semana.









Columnista:
José Miguel Alva Marquina
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