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Como mamá

Mamá siempre fue así, quizá antes era peor,

quizá ahora no es la mejor

pero siempre tuvo esa mirada triste en sus ojos

llenos de compasión cargados de dolor.

 

Yo como su hija, evitaba su mirada,

si me regañaba a la cara no la observaba;

si me felicitaba, sus brazos rechazaba

pero no la odiaba.

 

Aún después de los miles de reproches

del chantaje cargado de vulnerabilidad

de los arrebatos de ira

aún después de un corazón dañado ¿Cómo odiarla?

 

Soy hija, mujer y hombre, hermana del costado, amante del cobarde

dolor del vientre de mi madre.

 

Soy lo que alguna vez ella fue, intentando parecer más fuerte de lo que es,

dime como odiarte mujer, como después de parecerme tanto a ti

negándolo a quien pregunta

gritándolo a quien lo evita.

 

llorando mis logros, renunciando a los suyos

escribiendo largos versos, evitando los complejos.

 

Mírate mujer criticando tu piel frente al espejo,

tratando de agradarle a tu reflejo, queriendo encajar donde te llenan de miedos.

 

Cuando te veo solo está mi ego; entonces quizá no te odio a ti, solo odio mi reflejo.

Estas en todas partes

Te siento aquí conmigo, a mi lado

el frescor de tu perfume aún sigue impregnado

y por las noches aun te siento aquí, a mi costado.

 

No te despediste y yo tampoco quise hacerlo

llámame visceral, pero creo que tu presencia me ato

no mucho solo para siempre.

 

Te espere con el anhelo de tu recuerdo,

Con el sabor dulce de piel en mis belfos

¿Cuánto dura la eternidad?

 

Tus suspiros se esfumaron debajo de las puertas,

Las habitaciones están calladas, no hay ecos de tu risa

por la mañana.

 

La cocina está limpia desde hace mucho, más del que me gustaría,

pues mi casa contigo se veía un poquito menos vacía

incluso con el desastre después de hacer la cena,

ahora sin querer admitirlo me invade mas la pena.

 

Y aun después de todo, te veo en todas partes

No salgo mas pues las calles de abril me recuerdan a ti

Y el suave olor de las flores de lavanda

Esas que tanto te encantaban, fueron podadas ya del jardín.

 

La brisa que antes acariciaba mis mejillas

ahora lo hace el frío mármol de la tina vacía.

 

¿El amor y el sufrimiento van de la mano?

me lo pregunto a diario

quizá fue lo mejor, me lo repito casi gritando

mi mente ya lo acepto, pero el corazón es terco

y un si se convierte en un no.

 

¿Estás bien ahora? ¿eres feliz? te aviso que yo sí, a veces

cuando no pienso en ti, no quiero pensar en ti

quizá en tu mente solo como un peón existí

uno de más, uno de tantos, pero yo que nunca había amado

tenía ya nuestro futuro grabado.

 

Estas en todas partes y te extraño en todos lados

Estas en todas partes, pero no aquí, no a mi lado.

 

*Lic. en psicología, Kala Jade Rosas Martinez, nacida y crecida en el Estado de México, diciembre 2002. Siempre tuve una inclinación notoria hacia la lectura, poesía y letras, influenciada por mi padre quien en su noviazgo siempre le escribía cartas a mi madre. Participé en concursos y obras escolares, comencé a escribir cartas, canciones e historias ficticias desde la secundaria.

A lo largo de mi vida experimenté situaciones dolorosas, el descubrimiento de mi identidad y el rechazo de otros más; sin embargo, no dejaba ir esas emociones, las tomaba y plasmaba en una libreta ayudandome a comprenderme un poco mejor, a sobrellevar el dolor y la felicidad también.

No me considero poeta, yo escribo lo que siento y con eso es suficiente.

 

 

 


Categoría:
Cultura
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