03/Dec/2022
Portal, Diario del Estado de México

Bandera Blanca/ AMLO contra las dádivas

Fecha de publicación:

Luis Sánchez

Una nota de escasa difusión fue, sin duda, la breve y contundente respuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador que, en teoría, contraviene su política de bienestar social. ¿Por qué no propone un salario básico universal como en otros países, incluso en Chile, donde ganó el joven izquierdista Boric?, fue el cuestionamiento al que respondió con un tajante “no” porque no sería conveniente, ni en plena crisis postpandemia. 

Sorprende, por ejemplo, que la propia oposición en el Estado de México apoya y propone un seguro de desempleo, aun correligionarios del mandatario en las cámaras locales y federal han propuesto dicha “prestación” para las personas desempleadas a raíz de la pandemia. La respuesta del presidente pudo ser “oro molido” para “comerse” al luchador social ¿pues no que apoya a los pobres?, pudieron decir en detrimento de la popularidad del tabasqueño. Algo curioso de quienes lo han tachado de populista y promotor de dádivas.

No obstante, en un arranque de habilidad, o tal vez por azares de la distracción, o porque a la larga no les convendría, dejaron pasar este gancho tendido por López Obrador, quien enfatizó el carácter estratégico complementario de los programas sociales ya en funciones (desde mucho antes de la pandemia) como una plataforma de proyección de los menos favorecidos y no como un aliciente pasajero para ganar capital electoral.

Falsarios, como son, algunos detractores del presidente rabiaron cuando incluso dichos estímulos se elevaron a rango constitucional, alegando que estas “dádivas” son una artimaña para sostener al partido en el poder, concediendo placebos económicos a la inmensa y pobre población del país. Sin embargo, el hecho de que el estado sea obligado desde la constitución a asignar presupuesto para esta estrategia los beneficiaría si (esperando que sea remoto el caso) regresaran al poder, pues ellos serían entonces los encargados de continuar esta fórmula.

Paradójicamente eso les corroe, pues en los estados, al ser autónomos y, aunque con esta reglamentación no deberían realizar programas sociales locales, siguen utilizando estas dádivas (ahí sí) como estrategia electoral, y para sacar algún dinero extra de lo mucho que ya se “jinetean”. Programas ridículos como la Tarjeta Rosa (y de todos los colores a lo largo y ancho de la república, hay que decirlo) no tienen marco de operación claro, lo que les permite dar dinero a diestra y siniestra, pero sólo a algunos “abuzados abusivos” para llenar las casillas en comicios.

En este sentido, el Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México (OSFEM) ha documentado “inconsistencias” equivalentes a 2,500 millones de pesos durante el ejercicio del 2020 (en algunos meses darán a conocer el de 2021). En tanto, en 2019 las inconsistencias fueron de 1,500 millones. Estos datos se pueden consultar en la nota “Manipula GEM datos sobre gasto en el Salario Rosa y lo usa con fines políticos” publicada por este Portal Diario el 6 de marzo pasado. 

Esto no sólo muestra que el presunto desfalco al erario estatal no se redujo, sino que casi se duplicó en sólo un año. Mientras, el gobierno mexiquense no ha justificado estas fugas de capital ni se ven reflejadas en el bienestar de los ciudadanos con rezago económico. Tampoco ha explicado porqué hay duplicidad en los padrones del programa ni porqué hay “fantasmas” en los mismos. 

Lo contrastante, regresando al ámbito federal, es que fue el enemigo de las dádivas, Vicente Fox, quien durante su sexenio promulgó la ley de desarrollo social, publicada en el Diario Oficial de la Federación en 2004 y con reformas justo antes de concluir el sexenio de Peña Nieto que implementan la entrega de materiales de construcción, entre otras “rarezas”. Esta ley precisamente concede la potestad a gobiernos locales de repartir recursos justificando “desarrollo social”, se diría, “como dio$ les da a entender”.

Esta falla de origen impide al gobierno obradorista eliminar un esquema absurdo pues, si ya es un derecho acceder a programas sociales de forma universal, es decir, para todos, ¿por qué deberían los gobiernos locales replicar el esquema?… Pues porque se fraguó como una maquinaria feudal para tirar pelotitas con billetes de 500.00 al estilo Sandra Cuevas y fortalecer huestes paleras como Antorcha Campesina, que recibía un capital anual de 10 mil millones de pesos para darles una mano con los votos a los partidos en el poder de algún estado.

Esta aberración no se puede eliminar simplemente porque ahí ganaría la demagogia “el presidente quiere monopolizar los programas sociales”, ya lo estoy leyendo en Ladinus. Y porque incluso facciones del partido guinda, hay que ser francos, que no llegaron con él y sólo se cambiaron de chalequito, haya sido rojo, azul o amarillo antes, viven de esto. Es un trabajo legislativo a largo plazo que debería iniciar ya. 

Una beca, si estudias; un préstamo sin intereses, si tienes un negocio; un salario, si estás aprehendiendo un oficio o entraste al empleo afín a tu carrera (donde no te habrían contratado por no tener experiencia); asignación directa de presupuesto a una escuela porque ¡es una escuela!, no pueden considerarse “dádivas” como, en cambio, sí un salario universal para quien no hace nada, como sucede, irónicamente, en Estados Unidos o Alemania (parece que no les dijeron que éstas son medidas populistas).

El 1 de febrero de 2012, a Felipe Calderón Hinojosa le dio por repartir becas. El programa se llamó Síguele (para jóvenes de bachillerato) y Becas Universitarias. Yo, debo confesarlo, fui beneficiario. No tenía esperanza de ser acepado porque mi promedio era 3 décimas inferior al requerido (pedían 8.5); la que era mi novia me convenció, “igual es chicle y pega”.

Además de no tener el promedio, envié mi documentación incompleta (sin Curp ni credencial escolar, estaba vencida). Meses después llegó la notificación, recibiría 5,000 pesos en dos exhibiciones: 2,000 en mayo, creo, y 3,000 en septiembre. Como dicen los mafiosos: una parte de anticipo y la otra después de votar. 

Naturalmente, el programa que sería anual no se replicó jamás. Ahora no se podrá repetir este esquema debido a las reformas e implementos de los programas sociales de Obrador, es decir, no se podrá lucrar electoralmente, por lo menos a nivel federal, y eso es un paso importante. 

La historia termina en que, como lo recomendó AMLO en un mitin, recibí el dinero y voté por él, aunque Enrique Peña Nieto ya había comprado su pusilánime lugar en la historia con la gigantesca operación publicitaria y, efectivamente, con las dádivas y tranzas de Monex. ¿Habrá auditado el programa de becas de Calderón al tomar el poder? 

Tags: en Opinión
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