06/Dec/2022
Portal, Diario del Estado de México

Entrevista a Israel López Solano

Fecha de publicación:

Israel López Solano:

“En poesía hay un margen muy abierto para la digresión y el absurdo, no recuerdo haber escuchado un rap que tuviera la digresión como rasgo distintivo” 

Por Sergio Ernesto Ríos

La colección Pasavante de poesía llega a su décimo título con Galería para fumadores, de Israel López Solano, un libro extraordinario de un integrante del taller de poesía de Grafógrafxs. Qué mejor forma de celebrar esta nueva edición que conociendo más de cerca a su autor.

Sergio Ernesto Ríos: ¿Cuál fue el contexto en el que creciste? ¿La ciudad y la familia tienen alguna relación con tu búsqueda en el arte?

Israel López Solano: Nací en León, Guanajuato, y viví ahí hasta los dieciocho años, en un circuito de colonias bastante popular. Remitir a un tejido social dividido en clases me parece miope. Crecí en una familia de trabajo. Aprender a ganarse la vida siempre fue el motivo de los regaños. No recuerdo un León de museos, teatros o recitales de poesía; lo recuerdo muy golpeado por las adicciones y los conflictos entre pandillas, bastante católico, moralista y demasiado asfixiado por el duopolio televisivo, que en aquellos años todavía parecía indestructible. Trabajar, ver la tele, salir a la esquina con los amigos, bailes sonideros en los días festivos, era todo.

Considero, por otro lado, que el campo semántico de la palabra ‘arte’ es muy relativo al andamiaje conceptual que lo enmarca. Sobra decir que en esas colonias no circulaban alusiones a conceptos estéticos duros. No obstante, si en un enfoque más horizontal ‘arte’ puede entenderse como un enrarecimiento natural del espacio–tiempo que puede simplemente suceder usando la realidad misma como soporte, la distorsión estuvo ahí siempre. En uno de los mercados donde trabajé, recuerdo el caso de un compañero que vendía ungüentos. Él decía que sus ungüentos eran de grasa de coyote y carne de víbora. Una mentira evidente. El punto es que él cargaba una serpiente constrictora en una pecera. Cuando no vendía, sacaba la serpiente de la pecera y jugaba con ella. Es decir, ejecutaba una especie de performance para capturar la atención de la gente. Lo más curioso es que le funcionaba muy bien, vendía todos o la mayoría de sus ungüentos. Había quienes lo calificaban de charlatán; a mí me parecía un excelente vendedor y un personaje extrañísimo. 

SER: ¿Tienes algún recuerdo determinante sobre tus comienzos en la poesía?

ILS: No exactamente.Creo que mi acercamiento se dio a partir de accidentes poéticos informales, distorsiones del lenguaje que no pertenecen directamente al acto de leer libros. Académicamente, mi mamá estudió hasta segundo año de primaria, mi papá, hasta primero de secundaria. En mi casa no había libros, y en la colonia no era común que hubiera universitarios. Terminar la secundaria era un gran logro; pensar en la preparatoria o en la universidad, un milagro. No obstante sucedían acontecimientos que me provocaban cierto extrañamiento. Mi papá tenía un LTD y nos llevaba mucho al zoológico. En el zoológico había un mandril famoso porque le faltaba el brazo izquierdo, pero más famoso todavía porque con el brazo que le quedaba hacía señas obscenas hacia los visitantes. Lo que a mí, particularmente, me parecía extrañísimo, era el hecho de ver cómo los visitantes se aglutinaban en la malla ciclónica a devolverle las señas obscenas. Otro detalle que recuerdo y que me parecía extraño sucedía cuando los osos polares no se manifestaban: estaban ahí los estanques, pero los osos no aparecían nunca. No sé si iríamos al zoológico veinte veces ese año, pero nunca vi un oso polar. Creo que actualmente los zoológicos son lugares bastante extraños. El hecho de que haya cincuenta o cien animales enjaulados para placer cognitivo de los espectadores, y toda la violencia que esto exterioriza, tráfico, cosificación de la vida, falta de empatía, me parece, sin duda, una distorsión del lenguaje bastante evidente y agresiva.

Distorsiones poéticas vinculadas formalmente a los libros puedo señalarlas puntualmente: Un lobo, de Borges; La flor de lis, de Marosa; La pieza oscura, de Lihn; Volviendo a casa, de Ryuichi Tamura; Elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández, y podría seguir e ir haciendo paradas puntuales en Sergio Ernesto Ríos, Eduardo Padilla, Cecilia Juárez, Agustín Guambo, Alonso Guzmán y, por supuesto, mis compañeros del taller. Aunque interactúo más con las distorsiones informales. No todas las distorsiones informales son dramáticas, hay muchas que son divertidas.  

SER: ¿Cómo fue enfrentarte a la idea de escribir un libro? ¿De dónde surge Galería para fumadores?

ILS: En realidad nunca estuvo en mis planes ponerme a escribir un libro. En mi época universitaria más entusiasta pensé publicar en revistas especializadas, pero un libro de poesía, mentiría si dijera que lo pensé. Escribía por diversión, para mis amigos, pero nada en forma. Yo no lo veía como algo serio, y creo que ellos tampoco. Por lo regular eran impresiones de las lecturas que compartíamos; leer sí identifico claramente que me gusta, y me gusta bastante. Los libros en su condición de objetos estéticos también me gustan mucho, y el cine, pero de ahí a pensar en un libro de poesía, honestamente no, nunca pasó por mi mente. Galería para fumadores nace en el negocio, una galería para fumadores que atendí durante dos años en el centro de Toluca. Adopté el término ‘galería’ evitando el anglófilo smoke shop. Rescaté la expresión en homenaje a la tienda debido a que  fue el apoyo que me abrió la posibilidad de visitar el taller. La tienda estaba muy cerca del Cosmovitral; el taller lo armaban en Rectoría, los jueves; de no haber estado ahí, tan cerca, nunca habría ido a las sesiones del taller. Soy muy disperso, y el tráfico me irrita mucho; creo que si hubiese estado más lejos habría pensado en ir, pero el estrés del tráfico me habría hecho posponer la visita hasta perder el interés.

SER: Sé que tienes afición por el rap en español. ¿Hay alguna relación de esto en tu gusto por escribir? ¿Hay algún aprendizaje ahí: la musicalidad, la noción del verso, la búsqueda de ciertas imágenes extrañas?

ILS: Creo que el underground fue formativo en tanto estimuló la sensación de hallazgo estético. Al leer o escribir persigo la misma sensación de hallazgo. No alcanzo a percibir si entre el rap que escuchaba y lo que hago podría existir una influencia directa. Considero que ambos registros tienen su propia personalidad y su propia espectacularidad. Muy a grandes rasgos, en rap, por ejemplo, las barras de poder siempre son concretas; en poesía pueden ser crípticas. En el rap el tiempo narrativo y la noción de lugar suelen ser esquemáticos y lineales; en poesía pueden tener una consistencia más líquida. En poesía hay un margen muy abierto para la digresión y el absurdo, no recuerdo haber escuchado un rap que tuviera la digresión como rasgo distintivo. En el rap hay otra variedad de elementos que me gustan: las estructuras multisilábicas, el calambur, el ego trip, lo subterráneo; tiene sus propias claves de lectura, pero no veo con claridad si hubo ahí un estímulo determinante. En cuanto al verso, es posible que haya alguna influencia, pero no estoy seguro. En el underground, fuera del rap, recuerdo ejemplos de extrañeza que en su momento me ocasionaron curiosidad. Hay un grupo mexicano de surf, Los Esquizitos. Tocan un surf raspado, medio garage. En su álbum homónimo tienen una instrumental muy buena, con un nombre raro, “Lancha con fondo de cristal”. En el mismo álbum tienen una canción que cuenta una historia rara: el Santo, el Enmascarado de Plata, está perdido en otro planeta y no tiene provisiones. Para no morir de hambre, se come la capa de su traje. La nave en la que llegó a ese planeta lo abandona, y el Santo se queda ahí, perdido. 

SER: Buena parte de Galería para fumadores fue escrita a partir de ejercicios del taller de poesía de Grafógrafxs. ¿Cuál ha sido tu experiencia en el taller?

ILS: Siendo muy honesto, el libro no existiría sin el taller. El taller como horizonte de lectura y análisis ha sido y es una experiencia coyuntural en mi formación como lector. Sin las claves de lectura, síntesis, precisión, claridad, distorsión, glitch, saturación, etcétera, y sin escuchar semanalmente el trabajo de mis compañeros, mis textos no habrían adquirido forma. La revista trimestral y los textos que recomiendan desde Facebook ocupan un lugar igual de importante. En una ocasión, Grafógrafxs compartió en Facebook un texto en el que Guillermo Fernández hacía comentarios sobre Mamá morfina, de Eros Alessi. En el texto, si recuerdo bien, Fernández analizaba la reiteración. Se refería al ‘que’ como un golpe y como un elemento estructurante en el poema de Alessi. El comentario para mí, en ese momento, fue toda una revelación. Un texto que aparece en Galería para fumadores lo diseñé a partir de esa lectura.

Noticias Relacionadas

Garantizar paz y seguridad es obligación del estado: AMLO

25/06/2021

25/06/2021

Leobardo Hernández Durante la conferencia matutina de este viernes, el presidente de la república, Andrés Manuel López obrador, Aseguró que...

Vocación y pasión por la enseñanza para superar los retos de pandemia: maestros en retiro

14/05/2021

14/05/2021

“Me encantaba enseñar. Yo, desde niña me gustaba enseñar, jugaba a la escuelita”, Yolanda Pimienta maestra mexiquense   Miguel García Conejo Lorenzo...

Museo Arqueológico “Dr. Román Piña Chan” , 45 años dedicados a la riqueza cultural del Estado de México

17/07/2020

17/07/2020

Con el objetivo de ser el espacio que da la bienvenida a la zona arqueológica de Teotenango, en Tenango del...

Sistema inmune ante la Coivd-19 será más fuerte con alimentación sana: nutrióloga

27/01/2021

27/01/2021

La pandemia de Covid-19 ha dejado en claro el reto que significa mejorar los hábitos alimenticios de la población, debido...

Alcalde de Ecatepec vulneró derechos políticos del segundo síndico

11/11/2020

11/11/2020

Tras siete meses de que al alcalde Fernando Vilchis Contreras despidió a 40 trabajadores de síndicos y regidores del Ayuntamiento...