01/Feb/2023
Portal, Diario del Estado de México

Bandera blanca/ Consulta popular, el poder de los oprimidos

Fecha de publicación:

Leobardo Hernández

Este primero de agosto será un día histórico, sin duda. Los ciudadanos mexicanos ejercerán por vez primera un poder que les fue arrebatado desde el principio, desde siempre. México nació, sí, como una patria independiente, pero criolla, rota y polarizada desde 1821.

Está demás exponer que quienes han ostentado la hegemonía política desde entonces tienen una base elitista, cuyo monopolio de poder ha sido parcialmente roto, en lapsos breves, no sin violencia ni victorias efímeras que, por pequeñas que sean, dieron paso a un avanza democrático, muy lento, muy débil, que hoy inician (apenas inician) su consolidación. Es la verdad.

Sería inabarcable este espacio para hablar de las revoluciones y resistencias en México. Baste saber, por ejemplo, que la lucha de las mujeres comienza también desde el origen, siendo más visibles o documentadas a mitad del siglo XIX y con una importante victoria a mitad del XX con el reconocimiento del voto.

Por otro lado, las naciones originarias, relegadas, desconocidas, casi anónimas en la representación democrática fueron reprimidas, vejadas, violentadas y casi extintas por los poderes del gobierno en turno. No nació en 2018 la polarización ni AMLO planteó la discusión acerca de ellas, fueron estos luchadores quienes la propusieron siempre, pero siempre en la intemperie civil. Qué decir de las luchas obreras, apagadas por el charrismo sindical, largo brazo de 70 años (y más) que anuló sus demandas.

Una cofradía de criminales ha controlado el poder y legalizado el saqueo. ¿Cuánto sabemos de eso? Los libros escolares nos hablan de tiempos remotos como si las masacres de Atenco o Ayotzinapa hubieran sido parte de la prehistoria, o no hubieran pasado nunca…

Lejos del siglo XX, al que dejamos sólo en temporalidad, porque ni los gobiernos “del cambio” panistas ni “el nuevo PRI” abandonaron estas prácticas, ¿qué hay en la palestra de la discusión?… nada. Por lo menos en las entrañas (porque el dominio de poder se mantiene en lo profundo y costará mucho revertirlo). Pero siempre, siempre, siempre hay que dar un primer paso.

En este contexto, la consulta ciudadana del primero de agosto abre un nuevo esquema de participación ciudadana. No ha sido una concesión ni un capricho del presidente ni un espectáculo para desviar la atención, como sí los espectáculos infames de quienes pretenden desviar la atención e impedir a toda costa que esta práctica tenga éxito.

Tampoco es un acto inquisitorio como lo postulan Calderón, Fox y otros…, ¿por qué será?… La convocatoria es parte de un ejercicio reflexivo donde el ciudadano tendrá la potestad de conocer, además de lo evidente, cuáles son los actos delictivos de los “actores políticos” del pasado. Generar comisiones de la verdad e indagar más allá de lo ya expuesto, y que en rigor el gobierno actual no tiene obligación de hacerlo, pues estos hampones revistieron un manual de crimen e impunidad con la palabra “constitucional”.

Hay que decir que La suprema Corte de Justicia de la Nación se voló la barda con la pregunta que redactó (porque fueron los jueces y no el presidente, hay que tenerlo claro). Este galimatías abierto y sumamente ambiguo tiene la finalidad de crear confusión, pero, para precisar el sentido de la pregunta, quiero citar el comunicado del Subcomandante Moisés del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (en resistencia y violentado por las administraciones zedillistas hasta la de Peña).

En este sentido, votar SÍ implica “cumplir con el derecho a la verdad y la justicia de quienes han sido víctimas por acciones y omisiones del Estado Mexicano (que eso, y no otra cosa, es lo que señala la pregunta que elaboró la Suprema Corte de Justicia de la Nación del país que se llama México)”. 

Incluso, como la pregunta refiere a “actores políticos”, es más factible exigir que no sólo los miembros de partidos políticos sean indagados: también las actuaciones del Consejero del entonces IFE, Carlos Ugalde, quien avaló el fraude electoral de 2006, y muchos más.

El ejercicio debe ser masivo pese a la reducción de espacios que concedió el INE sin sentido alguno, con ambición de reducir la participación al mínimo. Y cabe decir que podría ser sujeto de investigación por las irregularidades que avaló durante las elecciones de 20012.

Otra maroma es la de que “no van a castigar a nadie”. Durante lo juicios de Núrenberg, tras la segunda guerra mundial, sólo 22 líderes nazis fueron procesados penalmente por crímenes de lesa humanidad cometidos (sólo 12 fueron condenados a muerte y los otros sujetos a “investigación psicológica”. Muchos más fueron penalizados condenas bajas y otros más exonerados. Pero se abrió la verdad de las cámaras de gas, de experimentos aberrantes, de las torturas despiadadas y las inhumanas formas de muerte.

Es claro que los líderes nazis no eran sólo 22, que estos, por muy influyentes que hayan sido, no eran de la élite, y que la finalidad del proceso no fue directamente el castigo, sino evidenciar la inmundicia de un régimen que afirmaba ser “perfecto”, como cuando algún panista dijo que había que “guabajuatizar” México. (Y lo cumplieron, Guanajuato es una fosa común como el resto del país gracias a la guerra de Felipe calderón).

Finalmente se dice que hay “resentimiento y dolo”, principalmente quienes se sienten de “alta alcurnia” (a saber qué es eso) afirman que se manifiesta la polarización. Y sin embargo, el EZLN, que no es muy amigo del gobierno, se ha unido a esta causa, entre muchas otras organizaciones que sí ostentan el calificativo de “civil” y, pese a críticas muy duuras a la presidencia, han dado apoyo en la difución… ¿por qué?

Porque yo, nacido en 1989, que no voté por Salinas ni por Calderón; y veo cómo un sueldo “superior” al que mi padre, obrero, ganaba me alcanza para poco menos de lo mismo que él podía comprar (y también perdió en un lapso muy corto), que temo por las vidas de mis seres amados porque una ola de violencia se levantó como guadaña peinando el país sobre la camisola “guanga” verde olivo de Calderón, y no cesará en mucho tiempo.

Yo quiero saber por qué, quiero saber quiénes fueron, quiero conocer a los culpables no para enjuiciarlos, pero sí para buscar una alternativa, una solución; para que no se repita, para que miremos todos qué haremos de ahora en más. Para que ya no seamos “críticos de ocasión”, y que este poder en la ley (deficiente, perfectible) se ejerza y se convierta en instrumento de gobierno totalmente ciudadano, que no haya más olvidados, ignorados ni aplastados por el puño opresor y éste desaparezca.

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