22/Jun/2024
Portal, Diario del Estado de México

Confesiones de Turista/ La riqueza de los tianguis

Fecha de publicación:

Aranxa Solleiro

En la punta de un cerro, nació un gran héroe prehispánico, sus familias se enaltecían de tenerlo como un descendiente de Dioses de sangre pura que, a su vez, benefician la riqueza de cada uno de sus correlativos. El héroe, por sorpresa no procedía de un cuerpo masculino, sino de uno de vertientes femeninas llamada Xilonen, quien en aquel entonces, era la Diosa del maíz, curiosamente, su nombre llevaba por significado “pelos de elote”, por lo que su nacimiento se dio en temporada lluviosa.  

Un día, no muy lejano a su nacimiento, los Olmecas crearon el primer espacio terrenal para la provisión de alimentos y materiales que ayudaran a la comunidad asentada en la región. El comercio, en términos capitalistas, se desarrollaba a través de intercambios de elementos, cuyos beneficios otorgados, provocaban que día a día, salieran más habitantes a las calles a proveerse de lo que pensaban necesario.  

Los mercados, se gestaron con la intención de enriquecer aún más a la sociedad, pues el jolgorio emergente en ellos, provocaba que los pobladores se unieran y por ende, fortalecían sus lazos sociales. Con el paso del tiempo, el intercambio de bienes pereció -en su mayoría de espacios- de solamente recibir un kilo de jitomate por un par de palas y azadones, a mejor recibir un cúmulo de monedas.  

No obstante, la fascinante atmosfera armoniosa que subyace en los mercados, se mantuvo, así como la imagen de la Diosa Xilonen, tan es así que, dichos espacios se consideran esenciales para el conocimiento profundo de culturas.  

En México, por ejemplo, los mercados se celebran, se viven y se disfrutan de manera peculiar, no obstante, no todos los sitios se experimentan de la misma manera, hay pueblos o ciudades, en donde asistir a uno, se convierte en una exuberante fiesta.  

La ciudad del Dios Tolo, se presenta como una dichosa urbe regocijante de ser heredera de tradiciones mercaderas, pues su estilo de venta semejaba en vasta dimensión a los mercados de aquella época prehispánica. Tan es así, que Frida Kahlo viajó hasta la ciudad toluqueña para abastecerse de sus necesidades o sencillamente quiso alimentar su curiosidad.  

El tianguis, como solemos también nombrarlo, abalanza una cantidad extrema de grandes virtudes culturales que no solo se centran en la economía que subyace en dichos espacios, sino también en las formas de expresar la raíz de una cosmovisión.  

Lo mencionaba el investigador en turismo Marcelino Castillo Nechar “La cultura del hombre no sólo la podemos encontrar y apreciar en los espacios cenados como son los museos, bibliotecas, etc., también la encontramos reflejada en todas aquellas costumbres y tradiciones vivas de nuestro pueblo”, las tradiciones vivas que se reflejan en mercados como el 16 de septiembre, mismo que ha sido el primero en la ciudad, siendo su inauguración en 1937 y siendo por igual, un espacio enfocado al trueque.  

Los gritos, el “pásele güerita” van mucho más allá de solamente autopromocionarse, significa también, la relevancia que se le otorga al comprador, reflejando que “los de arriba” de cualquier forma y sin importar la tierra donde nacieron, serán llamados así a manera de enunciar una solvencia económica, casi imposible de alcanzar por el “marchante.” Como si nos remitiéramos a la conquista.  

El turismo en todo ello, se enaltece de la dadivosidad de los mercados, pues es a través de ellos, de donde celebra la producción de culturas, la elaboración de platillos tradicionales que emancipan la gastronomía mexicana y en este sentido, mexiquense. Refleja la conservación de medicina tradicional, ya que, de acuerdo a cada visitante y poblador del sitio, no hay mejor sitio para hallar una hierba curativa, que en el mercado, donde sabe que Doña Jacoba tendrá la manzanilla, el epazote y el ajenjo.  

El cocinero estadounidense afamado y bien respetado por las masas -incluida quien suscribe- Anthony Bourdain, no podía dejar de lado la visita a los mercados de los destinos que visitaba, puesto que en ellos se encuentra siempre, la verdadera cara de cualquier espacio territorial.  

El turismo de Nueva Delhi, para dar una ilustración, se soporta de los visitantes que rodean los mercados avasallados por personas que son espejo de mil millones de hormigas circundantes de un pedazo de pan.  

Toluca, al ser el centro del Estado de México, debería no solo conservar, proteger y potenciar el magnífico patrimonio que representan los mercados, sino también hacerlos parte de aquellas bombardeantes promociones turísticas que solamente se enfocan en las organizaciones cimentadas.  

Confesiones en: Twitter: @aranx_solleiro, Instagram: @arasolleiro y aranxaas94@gmail.com  

(Foto: Especial Portal)

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