04/Feb/2023
Portal, Diario del Estado de México

CON SINGULAR ALEGRÍA

Fecha de publicación:

Gilda Montaño 

En la medida en que el mundo cambia, también las ideas sobre el papel del Estado en el desarrollo económico y social. Por ejemplo, si nos remitimos a poco después de la segunda guerra mundial, vemos que unos asesores y técnicos competentes formularían políticas acertadas, que después serían puestas en práctica por buenos gobiernos en bien de la sociedad. Y esto nos hace falta ahora, sin lugar a dudas. 

La integración mundial de las economías y la propagación de la democracia han reducido las oportunidades para un comportamiento arbitrario y caprichoso.  Todos los sistemas normativos, por ejemplo, la normatividad para la inversión, y las políticas económicas, deben responder a los parámetros de una economía mundial globalizada. 

Definitivamente el Estado tiene una complementariedad junto con el mercado. El primero es esencial para sentar las bases institucionales que requiere el segundo. Desgraciadamente, existen muchos países que no cuentan con las bases institucionales imprescindibles para el desarrollo de mercado.  

Por otro lado, los elevados niveles de delincuencia, violencia personal y un sistema judicial imprevisible, se combinan para constituir lo que en este Informe, se llama “síndrome de ilegalidad”. 

Esto de la delincuencia es un círculo vicioso: tiene su origen en la marginación. Los desheredados pueden llegar a convencerse de que la vulneración de la ley es la única forma de ser oídos. Pero las políticas públicas pueden asegurar que el crecimiento sea compartido por todos y contribuya a reducir la pobreza y la desigualdad. 

Es triste pero muchos países gastan mucho más dinero para la educación de estudiantes ricos universitarios, y de clase media, que para la educación básica de niños necesitados. “La pobreza y la desigualdad suelen afectar en forma desproporcionada a las minorías étnicas y a las mujeres, o a las zonas geográficas desfavorecida”.. Excluidos, marginados, estos grupos se constituyen en tierra fértil para la violencia y la inestabilidad”.   

Considerando al papel del Estado con las personas de la tercera edad, es indiscutible que no existe un programa adecuado en este sentido. Aún recuerdo a principios de este sexenio, lo triste que era ver a los ancianos caminar por las calles, muertos de hambre, -los jubilados- que son la panacea entre los viejitos desamparados, pidiendo que por favor se les depositara su mísero salario de dos mil quinientos pesos, para que pudieran vivir solo por ese día. 

Las naciones que han aplicado con éxito una política industrial dinámica son las que contaban con una sólida capacidad institucional. Reconocer la capacidad real del Estado, no significa aceptarla para siempre. ¿Cómo revitalizarla? Ofreciendo a los funcionarios públicos incentivos para mejorar su rendimiento y, al mismo tiempo, manteniendo a raya las posibles arbitrariedades. 

Muchas veces me he dado a la tarea de pensar que los burócratas han sido contratados por el Estado, para por un muy pequeño suelo, mantenerlos en orden y en paz. Seres que pueden o no desatar una revolución, son una maquinaria muy complicada. De las horas que trabajan, hay que señalar que muy probablemente lo hagan unas dos o tres si se hilaran. Pero por esto, se deben resolver todos los sistemas básicos de comportamiento que distorsionan los incentivos y que llevan a resultados insatisfactorios.  

Los gobiernos pueden incrementar su capacidad y eficacia, alentando una competencia mucho mayor en diversas esferas en los procesos de contratación y de ascensos, en la formulación de las políticas y en la forma en que prestan sus servicios. 

Se habla hoy en día, de la gerencia del sector público. A esto, el Banco Mundial sugiere que se proceda con cautela. Piensa con razón que, al otorgar mayor flexibilidad a los gerentes de este sector, lo que se consigue, es aumentar la arbitrariedad y la corrupción, sin que por ningún motivo se mejoren los resultados. 

Y en este momento de vida, en donde no sabemos ni qué hacer ni cómo, por la espantosa pandemia que tenemos, lo que necesitamos es observar con gran cautela el espíritu del individuo que hace lo indispensable para salir a como de lugar de este embrollo en el que se encuentra metido. Sin dinero, sin trabajo, sin presupuesto y con mil dificultades que solucionar. El gobierno y el mercado,  lo tienen que sustentar. Sin duda.  

Foto: Pixabay en Pexels 

Tags: en Opinión
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