2021-03-17-7-poemas-de-ana-estaregui

7 POEMAS DE ANA ESTAREGUI

I.

el corazón del buey sobre el fregadero
se va enfriando a medida
en que el músculo absorve
la frialdad del granito y le arroja
sus deseos de siempre, mitad viles
ardientes, como todo lo que era en él
pastos, pelos, las tetas espléndidas
de las vacas lecheras
y en poco tiempo todo lo suyo enmudece
se equipara al grado de la piedra
las artérias y venas
los espacios entre las aurículas, el heno, todo

II.

la palabra ocupó toda la sala
silenció las ventanas, el radio de pilas
y los portarretratos
arrancó los libros del estante
produciendo tsunamis con las persianas
ahogó nuestras voces a nivel cero
y todos nos quedamos aplastados entre ella
y la pared, ella y el techo,
ella y las tablas de madera del piso
en el breve vaho de oxígeno libre
la palabra se pegó al sótano
y ahora pasamos nuestros días presos
mirándola, una estrella

III.

me golpeé la clavícula el jueves
mientras abría el armario
el hueso me duele desde entonces
desperté el viernes con tortícolis
y los tendones de la mano izquierda inflamados
el sábado, lavando trastes, rompí dos vasos
choqué en el fregadero otro plato que se astilló
ayer, fue una copa
y además me saqué sangre de dos cutículas
mientras me cortaba las uñas del pie
esa misma noche dejé caer al suelo
un platón con sopa
que se destrozó
y dejé el pan quemarse,
hoy descanso, sola,
y hasta el momento sólo me quemé
la punta de la lengua
bebiendo café

IV.

un caballo puede cambiar el curso
de un poema
es necesario no temerle
los saltos, los espacios vacíos
de cómo se acomodan entre sí
de cómo, sin fricción, producen luz
dice
deja tu cuerpo flotar
para que las letras paren frente a los ojos
es necesario que el día nos encubra
con alguna niebla pálida
y el humo de los automóviles forme
entre nosotros y las cosas
una especie de barrera vertical
casi transparente
y nos haga avistar de lejos los músculos tiesos
de una banda de animales que trotan
por entre los carros

V.

¿qué sucedería con los poemas
si les agregáramos materia sólida
si, como en las canciones,
donde hay sonido voz cuerdas de metal
depositáramos
alguna savia y un poco de aire?
si lanzáramos sobre ellos
un puñado de semillas
y entonces nos sentáramos para esperar
por mucho tiempo
algún movimiento sutil
alguna oscilación inaudible
sólo un pliegue que fuera
sobre la página un pequeño rumor
de cualquier tipo, capaz de levantar
del suelo blanco alguna voz
lo que le sucedería a los poemas
si pudiéramos esperar un poco más
 

VI.

si nunca hubieran existido
las metáforas
todavía podríamos cambiar
un puñado de cerezas
por el respaldo aún caliente
en el asiento trasero del carro
un bonche de papeles de sulfito
por dos o tres versos libres
por dos muelas del juicio
por cuatro incisivos
por el vuelo circular sin fin
de un zopilote
por un paquete de carbón mineral
por un libro sin portada
por una imagen fosca de un submarino japonés
por una magnolia blanca
aún podríamos cambiar
una petición de disculpas
por un helado de avellana
si nunca hubieran existido las metáforas
aún podríamos cambiar el silencio
por un vaso de leche

Volcanes

aún se puede hablar con las piedras
tomarlas con las manos y saber
un volcán son mil volcanes
saber que
las piedras nunca enfrían completamente
guardan dentro el primer calor
algunas ya salen listas
trapecios perfectos
para subir y descansar
otras buscan el agua el aire
son como pequeños animales terrestres mirando el cielo
son
hielo que no se derrite, cristal
somos tierra hielo fuego —aire en dilatación
dicen todos los volcanes
un volcán es un comienzo de isla
un volcán es un comienzo
de todos los otros volcanes.

Ana Estaregui (Sorocaba, 1987). Graduada en artes visuales y maestranda en literatura y crítica literaria por la PUC-SP. Es autora de los libros “Chá de Jasmim” (Editora Patuá, 2014) y “Coração de boi” (7letras, 2015). Aparece en la antología “Uma alegria estilhaçada, poesia brasileira 2008-2018” (Escamandro & Macondo, 2020) de Gustavo Silveira Ribeiro. En 2018 recibió el Prêmio Governo de Minas de Gerais de Literatura en la categoría de poesía. Actualmente realiza talleres de creación poética.

Sergio Ernesto Ríos (Toluca, 1981). Es director de Grafógrafxs revista de literatura de la Universidad Autónoma del Estado de México. Publicó “Larga oda a la salvación de Osvaldo” (UANL, 2019), en coautoría con Minerva Reynosa, “El ganador del primer premio del centro de estudios interplanetarios” (Periferia de escribidores forasteros, 2019), “máquina portadora de cabezas” (edición digital, 2018) “Quienquiera que seas” (FOEM, 2015), “Brazuca“(Palacio de la fatalidad, 2015), “Obras Cumbres” (Bongobooks, 2014), “La czarigüeya escribe” (Editorial Analfabeta, 2014), en coautoría con Diana Garza Islas, “Muerte del dandysmo a quemarropa” (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012) y “Mi nombre de guerra es albión” (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010).

Tradujo del portugués “Una confesión en la boca de la noche” de Danilo Bueno (Grafógrafxs, 2021), “Boa sorte, 7 poetas brasileñas” (Grafógrafxs, 2020), “Bruno Brum a ritmo de aventura” de Bruno Brum (Palacio de la fatalidad, 2017); “Droguería de éter y de sombra” (Palacio de la Fatalidad, 2014) de Luís Aranha; “Oda a Fernando Pessoa” (Palacio de la Fatalidad, 2017), “Paranoia" (Palacio de la Fatalidad, 2013) y “Voy a moler tu cerebro” (Red de los poetas salvajes, 2010) de Roberto Piva; la antología de poetas brasileños nacidos en los ochentas “Escuela Brasileña de Antropofagia” (Kodama Cartonera, 2011). Tradujo del inglés, con Diana Garza Islas, “Una noche, senté a Donald J. Trump en mis rodillas/Y otras teorías estéticas del siglo XXI” (Oficina Perambulante y Palacio de la Fatalidad, 2017), a partir de un ejercicio de Chris Rodley.


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Nacional
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