Rene T. Pérez Ávila*
El fascismo es una ideología política de extrema derecha, autoritaria y totalitaria que prioriza la nación sobre el individuo, quien debe servir a la nación. Se caracteriza por un gobierno dictatorial que suprime las libertades individuales, suprime la oposición política y usa la violencia para alcanzar y mantener el poder. Ejemplos históricos incluyen la Italia de Benito Mussolini y la Alemania nazi de Adolf Hitler. A raíz de los trágicos sucesos ocurridos en el estado de Michoacán, con el asesinato del líder de los limoneros y del alcalde de Uruapan, se han levantado las voces de la derecha para exigir que se retome la guerra contra el narco iniciada en el gobierno de Felipe Calderón, con los sangrientos resultados que esta conflagración arrojó con un elevado número de víctimas fatales, entre las que se encontraban los así llamados “daños colaterales”, esto es aquellos civiles que sin deberla ni temerla, perdieron la vida por estar en el lugar y en el momento equivocado. Al referirse a esta crisis de violencia que enfrenta Michoacán, acrecentada con los infortunados sucesos referidos al inicio de este artículo. La Presidenta Claudia Sheinbaum dejó en claro su rechazo a las voces de la oposición que han llamado al mayor uso de la fuerza contra la delincuencia y planteó que se trata de dos proyectos distintos de nación, los que quieren el regreso al pasado a los privilegios y la corrupción y quienes están a favor del pueblo, de los derechos y del combate de la pobreza, enfáticamente nuestra primer mandataria manifestó “regresar a la guerra contra el narco no es opción, primero porque está fuera del marco de la ley, todos estos de la derecha que se llenan la boca con la palabra ‘estado de derecho’ y defienden la guerra contra el narco, están fuera de la ley, porque es permiso para matar sin ningún juicio”, la presidenta sostuvo que quienes desean el regreso de esa estrategia lanzada por Felipe Calderón en Michoacán, incurren en un llamado autoritario que conduce hacia el fascismo donde no hay estado de derecho y todo es extrajudicial donde se impone la violencia del Estado, esto es el verdadero autoritarismo.
El autor de estas líneas, coincide plenamente con la opinión y postura de nuestra presidenta, ya que, si bien existen inconformidad y miedo propiciado por la falta de seguridad en varios sectores de nuestra sociedad, no es por la vía armada como se soluciona este problema, no es con procedimientos autoritarios y arbitrarios que sólo desembocan en la justicia por propia mano y el ”ojo por ojo y diente por diente”, como se puede afrontar la crisis de inseguridad, sobre este punto cabe recordar que el asesinado al alcalde de Uruapan, a quien su desafortunado deceso ha elevado a las alturas de héroe político, sostenía posturas rayanas en el autoritarismo a ultranza, pues él mismo se definía como “el Bukele mexicano” en alusión al desequilibrado presidente de la república centroamericana de El salvador, y sus arbitrarios métodos de combate a la delincuencia y exterminio de las pandillas que asolaban ese país, también en algunas declaraciones el extinto alcalde sostuvo que a quienes realizarán actos delictivos en perjuicio de los ciudadanos, se les abatiría, esto es se les privaría de la vida sin juicio previo, y sin el elemental respeto a los derechos humanos protegidos por nuestra Constitución. En suma, esta ideología derechista que cada vez viene sumando más adeptos, nos lleva a concluir que el fascismo está asomando la cara para instalarse como una vía de solución a la compleja problemática nacional en materia de seguridad pública. Habrá que tener mucho cuidado y ponderar con la cabeza fría, el peligro de que estas ideas avancen en nuestra sociedad, pues irremediablemente caeríamos en un torbellino de violencia de autoritarismo y de supresión de las garantías individuales que permiten la convivencia civilizada de nuestra sociedad.
Es cuánto.
*Magistrado en retiro del Tribunal Administrativo del Estado de México
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Columnista: René Tomás Pérez Ávila |
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