28/Nov/2022
Portal, Diario del Estado de México

Confesiones de turista

Fecha de publicación:

Aranxa Solleiro 

La otredad del turismo 

“La otredad”, término filosófico y sociológico que nos entrelaza con un ser humano diverso a nuestra esfera, empero, importante como sí mismo para la buena circulación entre nosotros, entre todos. 

Ser todos uno solo, resulta hasta cierto punto utópico, el deseo de que todos vivamos en un mundo de igualdades y de ambientes pacíficos en los cuales ninguno sea perpetrado en su integridad y cotidianidad, podría ser un sueño platónico, especialmente en sectores de la sociedad que nos hacen constantemente mezclarnos y -sin desearlo- estar por encima de uno y otro. 

Ya lo decía Octavio Paz: “él es el único que oye su llanto. Se ha extraviado en un mundo que es, a un tiempo, familiar y remoto, intimo e indiferente (…) oírse llorar en medio de la sordera universal, ya lo sabes, eres carencia y búsqueda.” contemplando el contexto de la cita, Paz habla en su libro “Itinerario” un poco sobre la otredad percibida en su vida, ser él en su mundo y no estar exento de sufrir lo que el otro sufre o admirar lo que el otro es. 

En el turismo, la otredad juega un rol de suma importancia, en el mejor de los casos, cuando un turista se instala en un lugar que no le pertenece, es decir, que no es el suyo, se sumerge en dos vertientes, la de admirar al otro y respetarlo o la de sobreponerse encima de lo que es y su significado. 

Para ello, me permito enunciar dos ejemplos: en el caso de la admiración resulta cualquier visitante que se desplaza a una localidad en la que todo le provoca subir las cejas que cubren sus ojos y sorprenderse de todo. En el segundo caso de superioridad inadmisible, está aquel spring breaker que rebosa en sus redes sociales por tomarse la fotografía con el indígena, con el barman o simplemente orinando en alguna jardinera de la playa tal. 

¿De qué nos regimos más en el turismo últimamente? Desafortunadamente, la creencia de empoderarnos a través de actuar de manera que nos sintamos superiores a otros, resalta en la mirada de aquellos que dicen ser viajeros y presumir que son prácticamente dueños del mundo. 

  • Oye, tómame una foto aquí donde están estas señoras que venden artesanías, que parezca que estoy haciendo nuevos amigos. Les va a encantar a todos. 

Vender la idea de ser buenos viajeros por pararnos a un lado del otro y presumir que somos uno, rompiendo barreras que nos unen como humanos a pesar de las diferencias no solo étnicas, sino socioeconómicas, nos convierte de inmediato en el turista típico de solamente viajar por el prestigio social que podemos obtener con ello. 

 La otredad, debe ser vista como el valor inaudito que le damos a lo que el otro hace para poder estar en donde está: la mujer que dejó su lugar natal con sus dos hijos para darles un alimento y casa. El señor que fue despojado de sus tierras por la construcción de un establecimiento turístico que “mejore la imagen del destino”. El niño que trabaja a ritmo de golpes y agresiones de sus padres para tener un lamentable ingreso económico y la niña que debe venderse en el resort equis para tener contentos a los huéspedes. 

La otredad nos debe hacer entender que no somos uno pero sí podemos ser empáticos con los demás, que si me hospedo en cualquier hotel habrá una mujer -en su mayoría de ocasiones- que limpie mi habitación y debo respetar su salud mental y física, que el mesero atiende mínimo 20 mesas al día y debo aceptar su tiempo, su capacidad y su disposición, que el artesano trabaja día y noche para elaborar cualquier pieza y su precio vale cada centavo que lo conforma y que si nos alejamos por un tiempo de nuestro hogar es para abrazar al otro y no para pisarlo. 

Desde la visión inventada en el turismo para hacerlo meramente capitalista después de los años 20 a 40, devino en grandes problemáticas de antipatía y disolución de lo que somos, pues desde siempre, el que viaja es considerado como un hijo de burgués que tiene la posibilidad de hacerlo, cuando debería ser una viceversa de ese concepto: alguien que admira a aquel que le rodea (el otro) por su espíritu humano y su empeño de hacer bien su trabajo mientras él descansa, se divierte y disfruta. 

Confesiones en: Twitter: @aranx_solleiro, Instagram: @arasolleiro y aranxaas94@gmail.com 

(Foto: Aranxa Solleiro) 

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