09/Dec/2022
Portal, Diario del Estado de México

En su integración a la vida capitalina, indígenas mexiquenses sacrifican el contacto con sus raíces

Fecha de publicación:

Aranxa Solleiro  

“El campo es indígena, mientras que la ciudad es blanca y mestiza.” Escribió el escritor y periodista Kapuściński, tras hacer un reportaje en una comunidad indígena de Guatemala.  

Recorriendo los caminos del Estado de México, la situación es básicamente la misma, sin necesidad de ir a una frontera al sur. Nuestra comunidad mazahua, náhuatl y otomí, cubre un gran porcentaje de la población mexiquense, especialmente el Valle de México y aquellas zonas colindantes con la entidad queretana como: Ixtlahuaca, Atlacomulco, Acambay, San Felipe del Progreso, por mencionar algunas.  

De acuerdo a INEGI, existen 417 mil 603 personas mayores de tres años de edad que habla una lengua indígena, las lenguas con mayor relevancia son las siguientes: Otomí, Mazahua, Náhuatl y Mixteco. De ellas, la Mazahua es la de mayor número con 132 mil 710 hablantes.  

Ante lo anterior, si se considerará que la población del Valle de Toluca está formada en su mayoría por indígenas, se esperaría que la convivencia entre la comunidad fuera más inclusiva.  

Jacinto Argel, habitante de la comunidad de San Cristóbal Huichochitlan, asegura que significó un reto para él y su familia desplazarse a y adaptarse en la ciudad toluqueña, sobre todo porque sus nietos, ya tuvieron que vivir bajo las exigencias de la ciudad, lo que los llevó a: olvidar la lengua nativa (otomí), usar vestimenta común para citadinos y ya no la tradicional de su cultura, y, asimismo, celebrar en pocas ocasiones las costumbres que para él fueron una obligación de niño. 

“No se puede negar a nadie que crezca en un sitio distinto, lamentablemente por necesidades, nosotros tuvimos que venirnos para acá, no es que seamos los más felices de haber dejado nuestro lugar de nacimiento, pero tampoco estamos mal. Digamos que nos supimos acoplar a la ciudad y a su gente. Mis nietos ya no tienen las mismas costumbres, a lo mejor también es culpa de uno por no ser más exigente en la crianza, pero tampoco los voy a obligar.” Dijo. 

Las zonas con mayor comunidad otomí en Toluca y Valle de Toluca son: San Cristóbal Huichochitlan, Lerma, Metepec, Ocoyoacac, Xonacatlán y Zinacantepec. 

Para Jacinto, las razones principales por las cuales su gente se desplaza a la ciudad de Toluca es por la oportunidad educativa que en sus comunidades resultan escasas y especialmente, por oportunidades laborales que en su lugar de origen no podrán encontrar, a menos que se dediquen al crimen organizado o emigren al extranjero.  

“Aunque no se diga mucho, allá no tenemos más que trabajar del campo o dedicarnos a lo que nadie quiere, la venta de drogas, la verdad no hay muchas opciones o también, muchos eligen irse para Estados Unidos, pero te piden mucho dinero, como 70 mil pesos y si apenas nos alcanza para comer, ¿cómo vamos a conseguir tanto dinero?” Detalló. 

Por otra parte, la comunidad Náhuatl circundante de la capital del estado, se ubica en las regiones de: Tenancingo, Tenango del Valle y Xalatlaco. Paco, como prefirió que se nombrara para el testimonio de la nota, compartió que para él conservar raíces náhuatles significa orgullo de ser mexicano: 

“Yo nunca he tenido vergüenza de ser indígena, los que se avergüenzan son los jóvenes, ellos sí de plano parece que hasta los insultan. Si supieran que nuestros antepasados formaron una gran historia en el país y son bien importantes para lo que somos hoy en día.” Mencionó. 

Paco habita en la comunidad de Tango del Valle desde hace más de 25 años, sus hijos crecieron en la ciudad de Toluca, dado que sus estudios los realizaron ahí, sin embargo, comenta que de no haber sido por la falta de recursos económicos que experimentaba mientras estaba en su lugar de residencia nativa, sus hijos hubieran crecido con las costumbres y tradiciones cimentadas.  

“Yo tuve que aprender a hablar español, tuve que tomar clases ya grande, mis hijos no, ellos desde chiquitos fueron a la escuela, por fortuna se los pude dar. Es una tristeza que los indígenas tengamos que hacer este tipo de esfuerzos y también sacrificios, nadie merece irse de donde nació para vivir mejor.” Comentó.  

Para ambos, no solamente los factores educativos y laborales son razones para habitar en la urbe o cerca de ella, sino también el acceso a seguridad social y la facilidad de conexión con distintas zonas.  

Puesto que prácticamente un 40 % de la población que rodea el Valle de Toluca es indígena, la justificación de una lucha por no ser excluidos se ha catalogado como una lucha de clases, no obstante, es verdaderamente una lucha de raíces, de orígenes, mejor y mal conocidas como “razas”. 

(Foto: Aranxa Solleiro)  

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