13/Jun/2024
Portal, Diario del Estado de México

La onda plana

Fecha de publicación:

Eric Rosas

Estímulos a la innovación

En días recientes un conjunto de estudiantes y jóvenes investigadores, todos becarios del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), denunciaron que han sido abandonados a su suerte en el extranjero —principalmente en el Reino Unido— y no podrán concluir con sus proyectos ni posgrados, a consecuencia del finiquito de los fideicomisos para ciencia y tecnología; en este caso concreto, el que era denominado CONACyT-SENER que sustentaba al Fondo Sectorial de Energía.

Como es bien sabido, para intentar justificar la extinción de estos instrumentos financieros, el primer mandatario promovió descalificaciones y calumnias que jamás pudo ni podrá probar, por inexistentes, pero que fueron propaladas hasta el cansancio por sus funcionarios y parlamentarios afines. Entre las muchas mentiras, se mencionó que eran fuente de corrupción porque habían servido para entregar dinero público a la iniciativa privada, y entonces solícitamente la titular del CONACyT salió a presentar cifras estratosféricas que, según ella, habían sido entregadas indiscriminadamente a transnacionales (refresqueras, farmacéuticas, armadoras, etc.) mediante el Programa de Estímulo a la Innovación (PEI).

Lo primero que conviene aclarar es que la enorme porción de las empresas que participaron en alguna convocatoria del PEI fueron mico, pequeñas y medianas empresas (MIPyMes), pues era precisamente a éstas a quienes iban dirigido este programa, que buscaba incentivar la cultura de la innovación en la planta productiva. Pero en relación con las dolosas acusaciones de transferencias multimillonarias, vale la pena desmentir su existencia y explicar cómo funcionaba el PEI en realidad.

El PEI estaba diseñado para estimular a las MIPyMEs a involucrarse en el desarrollo de prototipos —productos o servicios—, que eventualmente les permitieran innovar en sus sectores y que, sin un apoyo como este, nunca podrían financiar, pues una empresa de este tamaño apenas cuenta con los recursos para el pago puntual de su nómina y por ello centra todos sus esfuerzos de manera exclusiva en su supervivencia. Para ello el PEI establecía primero los criterios para el tipo de proyectos que podrían ser financiados, lo que de inmediato derriba el mito de que el dinero del erario podía ser entregado de forma discrecional. Las empresas que encontraban oportunidad en los criterios establecidos, podían participar sólo si formaban un consorcio con una o varias universidades y centros públicos de investigación (CPI) de los coordinados por el mismo CONACyT; de forma que se formaran efectivos vínculos de colaboración entre la academia y la iniciativa privada (IP). En todos los casos —sin excepción—, los proyectos eran diseñados, avalados y ejecutados en conjunto por el consorcio público-privado formado. Y tras una evaluación detallada y profunda de su factibilidad, aquellos proyectos aprobados eran financiados en una proporción de alrededor del 70:30 por el CONACyT y la o las empresas participantes en cada proyecto; es decir, no sólo es mentira que se entregaba dinero público a la IP, sino que, al revés, era la IP la que invertía dinero.

Respecto del dinero invertido por el CONACyT, éste estaba etiquetado para pagar la investigación y estudios necesarios que tenían que ser realizados por los CPIs o universidades participantes y se entregaba directamente a éstos, jamás entraba en las arcas de las compañías. Al final, las instituciones públicas se quedaban con el conocimiento, las relaciones y, a veces, hasta con los activos intangibles de propiedad intelectual generados; mientras que las empresas podían beneficiarse del desarrollo logrado, siempre y cuando decidieran asumir el gigantesco riesgo que representa transitar del prototipo hasta el producto o servicio final. A pesar de esto, la IP entendía que este era un programa de ganar-ganar, para la academia, la industria y México, pues nos acercaba a la cultura de innovación, tan necesaria para la sociedad y economía mexicanas. Es por ello por lo que urge recuperar un PEI.

Lo anterior, dicho sin aberraciones.

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