08/Feb/2023
Portal, Diario del Estado de México

Confesiones de turista

Fecha de publicación:

Bellas Artes 

Aranxa Albarrán Solleiro

1697 se fraguaba la fe y la creencia entre las Carmelitas Descalzas. Alrededor de la ciudad se presentaba con auge el poderío religioso que en aquellos tiempos, representaba una de las autoridades más imponentes en la sociedad.  

Por sus paredes y escaleras de piedra, pasaron enfermos, puesto que su función en su momento era la de un hospital, además fue asilo de niños quienes no contaban con un espacio para refugiarse e incluso fue sede del Instituto Científico y Literario del Estado de México, dando paso no solo a que prevalecieran académicos forjadores de grandes conocimientos, sino que dio cuna de pensamientos sobresalientes para la formación de sus estudiantes. 

Paso a paso los que confluían en su interior, pertenecían sin saberlo a una de las construcciones más fenomenales de la urbe, estilo barroco con reminiscencia del plateresco, no obstante fue tomando paulatinamente un estilo neoclásico durante el siglo XIX. 

Hasta el año de 1942 Isidro Fabela solicitó que el antiguo Convento de los Carmelitas Descalzos fuera cedido al Estado de México, hasta que dicha petición fue aceptada en 1944 e inicia su función como museo en 1945: el de las Bellas Artes.  

Una joya museística y cultural del que poco -se sabe- ha sido apreciado por sus hijos, con años magníficos de ser hogar de mentes, corazones y almas que le han dado un estandarte a la tierra mexiquense.  

Sus escaleras a pesar de presentar un aspecto frio y sobrio, regocijan e invaden el corazón de un sentimiento de pertenencia espectacular al pisarlas. Leopoldo Flores uno de sus hijos predilectos, expusieron sus obras que adornan las paredes del recinto con un honor precioso. Los colores difuminados en azul y rojos de aquellas pinturas de crucifixión del artista mexiquense, le regalan al espacio una sensación de destellos impresionantes.  

Dentro de él se encuentran siete salas de exposiciones permanentes que albergan pinturas y esculturas de los siglos XVI al XIX, algunas de madera policromada y estofada del siglo XVIII, sobresalen un Cristo de talla en marfil, procedente de Asia y el túmulo funerario que data de cuando el convento todavía tenía su función original. Su acervo consta en total de 400 piezas entre dibujos, pinturas, esculturas y objetos religiosos los cuales siguen haciendo homenaje a sus inicios.  

Generaciones tras generaciones se han visto sumamente beneficiadas de lo que existe en su interior. Las libretas que por obligación debían ser llevadas bajo el brazo para anotar las obras de arte que más reprodujeran un encanto en el iris y que hiciera palpitar sin quererlo, el corazón de cada uno de ellos.  

Por años el edificio, no se había visto significativamente afectado por cuestiones de un fenómeno natural que fue causa de catástrofe en el mundo, de espacios como él en distintas partes que tuvieron que cerrar sus puertas a la magia que en ellos yace y emerge al dar un paso por cualquiera de sus salas.  

Si sus pasillos frondosos se contemplaban ya vacíos, con un silencio a momentos doloroso, ahora se intensificó con un sentido magnánimo. Durante cuatro meses aquellas obras de manos dichosas de creación, permanecieron sin la sonrisa de un niño que descubría su grandeza. Sin la mirada cautelosa de aquel experto amante del arte y sus bifurcaciones de alegría incrustadas en el espíritu. Y de aquellos que laboran en su interior, haciendo suyo al recinto, como si fuera una extensión de su hogar y su lugar favorito.  

Con atención, con una espera desesperante en ocasiones, su público se encontraba alerta de la noticia esperada: los espacios culturales se reaperturan. A pesar de que se vaya contra un semáforo anaranjado que por regla impuesta, todavía prohíbe la confluencia de las personas en espacios cerrados y propensos a la aglomeración. Sin embargo, no solo la necesidad económica lo suplica, sino el arte, las 400 obras que fueron realizadas para destruir una enfermedad de ignorancia, de estrés, puesto que el arte sustrae tormento en el alma y de daños de poca apreciación por pinceladas plasmadas en oleos y esculturas que provocaron el deslizar de las manos de grandes artistas. 

Después del 17 de agosto de 2020, por fin, la respiración se percibirá distinta en el pecho, por fin podremos adentrarnos de nuevo en las dimensiones que piden a gritos ser disfrutadas.  

Confesiones de turista en: Twitter: @aranx_solleiro, Instagram: @arasolleiro , aranxaas94@gmail.com y https://everywherematters.blogspot.com/  

Tags: en Opinión, Travel
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