Tras 18 días de revueltas, Hosni Mubarak, el último ‘faraón’ egipcio, ha abandonado la presidencia del país. Ha entregado el poder al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, presidido por el ministro de Defensa Mohammed Hussein Tantawi. El hasta ahora vicepresidente, Omar Suleimán, se convierte en ‘cabeza visible’ del cambio y en mediador de un proceso de transición hasta la celebración de las elecciones presidenciales. En resumidas cuentas, un militar –el propio Mubarak cambío las armas por a política – cede el poder a un conjunto de ellos, un proceso que viene siendo habitual en la historia reciente de Egipto desde la caída del Rey Faruk, en 1952.
El Ejército fue el responsable en esa época de liderar el movimiento que acabaría con el derrocamiento del monarca a través de un golpe de Estado. Con él se instauraba la República, cuya jerarquía tiene desde entonces raíces militares. En la actualidad, las Fuerzas Armadas egipcias, integradas por 450.000 hombres, constituyen el principal ejército de África y cuentan con el asesoramiento estadounidense.
Su papel en las revueltas que han concluido con la caída de Mubarak ha sido crucial, ya que casi desde el primer momento el Ejército dejó claro que no cargaría contra los manifestantes por considerar “legítimas” sus reivindicaciones. El hastío y la desconexión de los militares con el régimen de Mubarak quedaba patente. Las Fuerzas Armadas se decantaban por el pueblo al que pertenecen, según la Constitución egipcia, dejando al ‘rais’ un poco más solo.
El mando del país queda ahora en manos del comandante Mohammed Hussein, ministro de Defensa, jefe del Consejo Superior Militar y, desde el pasado 30 de enero, viceprimer ministro del país. Tantawi, de 75 años, está considerado como un ministro fiel a Mubarak y partidario del continuismo. De hecho, según algunos de los cables filtrados por Wikileaks, el exembajador de EE UU en El Cairo, Francis J. Ricciardone, describía a Tantawi como una persona “resistente al cambio”. “Ni él ni Mubarak tienen la energía, la inclinación o la visión para hacer nada diferente”, aseguraba el diplomático.
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