Sección | Opinión - 17 marzo 2009

(Por: Felipe González)

No sé si fue porque fue lunes y día de asueto, pero tuve el seso completamente seco: ni una idea para comenzar este tercio de plana.
Hasta que se me ocurrió que podía referirme a la falta de creatividad. Desde luego, no a la mía —que en realidad no tengo ni una pizca—, sino a la que refiere el eminente científico galés Anthony McMahon Erimburgh en su más reciente trabajo a propósito del proceso para generar ideas.
El investigador galés es un pesimista nato. De hecho, por eso sus trabajos son tan poco conocidos: él no cree que puedan tener alguna importancia para el mundo… y sin embargo, los sigue haciendo. Porque a final de cuentas en este eminente investigador de la Universidad de Breosse hay un hálito de esperanza.
El caso es que para McMahon todos somos idiotas en potencia.
En algunos de nosotros —como en el caso del arriba firmante— es un hecho plenamente comprobado.
Pero otros, sin saberlo, padecen de lo que el doctor McMahon ha bautizado como síndrome de la carencia nata de ideas.
El científico galés explica que en cada caso conocido que ha estudiado el común denominador es la ausencia de la función neuronal de la sinapsis, es decir, es el proceso de comunicación entre neuronas que se inicia con una descarga químico-eléctrica. Es decir, las neuronas trabajan de manera aislada, de modo que cuando se genera una idea se queda en esa neurona. Lo que dicho de otro modo significa que no es que no tengan ideas, lo que pasa es que son incapaces de formularlas como el resto de la humanidad.
Por lo tanto, su estado mental raya en el idiotismo. Aunque de hecho, parecen personas normales.
Y van por la vida como si cualquier cosa. Apropiándose de ideas ajenas. Respiran porque es una función biológica innata, pero son incapaces de generar ideas propias.
Cazan las ajenas como un bien preciado, que después muestran como propias. y esto lo saben perfectamente secretarias, asistentes y colaboradores de gente que se cree muy brillante, pero su único es usar las ideas de los demás.
Algo menos refinado es simplemente tomar ideas ajenas, dándoles el crédito correspondiente. Un ejemplo muy claro es este mismo tercio de plana: intentando explicar los conocimientos superiores del doctor McMahon Erimburgh sin siquiera comprender de lo que se tratan.
Porque como es lunes, en el que ni las gallinas ponen y además feriado, es casi imposible generar una idea. Ya no digamos respirar.
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